Violencia institucional: detrás de una denuncia

Fuente: No Somos Medias Naranjas | Mexican Times

7 marzo 2017.  El presente texto es un testimonio anónimo de violencia de género, de carácter emocional y psicológico. No Somos Medias Naranjas apoyó en la publicación del texto bajo el nombre de la colectiva.

Me sentía incapaz de alzar la voz, tenía miedo de las consecuencias, de que él volviera a buscarme enfurecido tras haberlo denunciado, de que me golpeara si en algún momento me encontraba sola y de volver a recibir sus llamadas y mensajes amenazantes.

Tuve el valor de platicar con una amiga mi experiencia. Después tuve el valor por fin denunciar mi caso. El proceso tomó horas: llegué a las tres de la tarde y tomaron mi declaración alrededor de las 12 de la noche. Este fue el inicio de un proceso que no ha cerrado, aún después de un poco más de dos años. En repetidas ocasiones se refirieron a él como mi novio, mi pareja sexual o cualquier otro adjetivo que lo relacionara conmigo. Como si un lazo sentimental mutuo fuera requisito para la violencia que ejerció en mi contra. No fue mi novio, no fue mi esposo, no fue mi pareja sexual, fue un hombre al que conocía, que llegó a pensar que le pertenecía, pero creo que eso es algo que las autoridades no llegaron ni a imaginar, ni después de las diez veces que me hicieron repetir la historia para verificar que no estuviera “loca”.

Pensé que mi caso no se tomaría en serio al no tener signos de algún golpe sobre mi cuerpo; sin embargo, en algún momento se le dio seguimiento. Mi declaración fue tomada por una licenciada nueve horas después de llegar a la sala, quien me dijo que este tipo de casos podían llegar a tomar años para solucionarse, por ser algo “muy normal” que se trataba frecuentemente.

Decidí no creerle y tener fe en que todo se solucionaría pronto. Perdí algunos días en mi trabajo para presentarme frente a las autoridades. La primera vez, asistí para mediación, pero él no se presentó. La segunda vez, asistí nuevamente a mediación, pero regresé a casa sin éxito al no haberse presentado al lugar. Lo mismo sucedió la tercera y la cuarta vez. Y las autoridades no hacían nada para remediarlo. No importó que a mí me causara algunos problemas por ausencias en mi trabajo o que me costara económicamente cada vez más el darle seguimiento.

Me dijeron en repetidas ocasiones que desconocían su domicilio, razón por la cual la notificación no había llegado a sus manos y no se había presentado. Totalmente falso. Me dijeron que lo habían buscado, que estaba asustado, que había prometido no volver a buscarme. Totalmente falso.

Me preguntaron qué había hecho para provocarlo, que debía cuidarme un poco más “como mujercita”. Pusieron muchos letreros en mi frente, todos ellos denigrantes, que por supuesto llegaron a dañar mi imagen en el círculo donde me desarrollaba.

En la asociación donde busqué ayuda me asignaron una abogada para darle seguimiento a mi caso y tratar de acelerar el proceso. Ella estuvo conmigo durante algunos meses, hasta que tuvo que dejar la asociación por cuestiones personales. Posteriormente, llegó una nueva persona a apoyarme, quien de la misma manera dejó la asociación, dando lugar a una tercera abogada para resolver mi caso. Como pueden ver, entre abogada y abogada el proceso se ha vuelto ineficiente. A eso sumándole que en las entidades del gobierno “tienen casos más urgentes que resolver”.

Afortunadamente he recibido atención psicológica en el camino, misma que me ha ayudado a sobrellevar este largo proceso. Por otro lado, él ya no ha tenido contacto conmigo en los últimos meses. No sé qué hubiera sido si durante estos años me hubiera seguido buscando, sin una orden de restricción de por medio. Hasta el momento sigo esperando una respuesta. Todo cambió en el momento en que decidí poner un alto, justo a tiempo… porque mi vida vale muchísimo más que el qué dirán.

Nota de parte de No Somos Medias Naranjas: Este testimonio muestra la importancia de construir redes de apoyo a las cual podamos acudir en caso de vivir violencias. Asimismo, expone y denuncia la ineficiencia gubernamental y violencia institucional perpetrada ante casos de violencia de género, mostrando las dinámicas particulares de casos de violencia psicológica y emocional.

 

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