Retos y disturbios

Fuente: Raúl Contreras Bustamente | Excelsior

7 enero 2017. Sin menospreciar la legitimidad de la protesta, es necesario establecer un límite social a nuestra conducta colectiva.

Como se había vaticinado, el año 2017 ha comenzado con grandes retos para nuestro país. La pésima política de comunicación social del gobierno federal jamás explicó los alcances y consecuencias del inicio del programa de liberación de precios de los hidrocarburos y tampoco ha sido capaz de ofrecer información ni alternativas a la población para soportar las alzas de precios.

El descontento en la sociedad ha desencadenado múltiples manifestaciones, cierres carreteros en distintos estados de la República, así como saqueos a diferentes comercios por supuestos inconformes que han aprovechado la ocasión de una comprensible protesta para ir más allá y criminalizar las calles con reprobables actos de violencia.

Las circunstancias en que se encuentra inmerso hoy nuestro país —cuyo origen tiene raíces históricas, económicas y geopolíticas— han propiciado indudablemente una reacción social atípica, posiblemente consecuencia de décadas de desesperanza y desencanto entre administraciones, que no han logrado satisfacer las expectativas de la ciudadanía.

Sin menospreciar la legitimidad de la protesta, es necesario establecer un límite social a nuestra conducta colectiva; y es que —no debemos olvidarlo— existen medios legales para inconformarnos ante las decisiones que consideramos que nos afectan.

Cualquier acto de violencia o vandalismo debe ser condenado enérgicamente, pues se atenta contra derechos de otros ciudadanos que no son responsables de la situación que vive el país. El error más grande que como sociedad podemos cometer es enfrascarnos en una guerra, en la cual, ya nos advertía Hobbes hace cuatro siglos, una a todos contra todos.

Lo anterior no significa que el derecho a manifestarnos como sociedad sea ilegítimo; por el contrario, todo ciudadano puede y debe hacer notorio el acto que le resulte ilegalmente atentatorio de sus derechos fundamentales, pero dentro del marco de la propia ley.

A pesar de que las circunstancias puedan resultar un factor de desconfianza, el derecho es la única vía a través de la cual podemos asegurar la paz y la tranquilidad de nuestras familias, pues sólo éste es capaz de contener los abusos del poder para mantener la estabilidad social y una convivencia armónica, civilizada.

Existe además un punto más trascendente: el próximo día 20 de este mes, se verificará el arribo de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos. Sus amenazas —que algunos pensaban que serían sólo estrategias electorales— han comenzado a cumplirse.

 

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