La disputa por la sociedad

Fuente: Alberto J. Olvera | El Norte

17 Feb. 2017. El debate sobre las marchas de la “unidad” del pasado domingo contra las pretensiones imperiales de Trump se ha caracterizado por cierta confusión política y conceptual.

En teoría, las marchas fueron convocadas por actores de la sociedad civil para mostrar la unidad del País frente a la agresión extranjera. En la práctica, la movilización reflejó las conflictivas visiones y proyectos contenidos en el seno de la propia sociedad civil mexicana.

Dada la absoluta falta de legitimidad del Gobierno actual y su profundo temor a desatar aún más la ira del Gobierno norteamericano, era claro que el Presidente de la República no tenía ni la capacidad ni la voluntad de convocar a una demostración de unidad nacional.

Los partidos políticos, que se cuentan entre las instituciones más deslegitimadas del País, tampoco podían tomar la iniciativa porque se les percibe como actores oportunistas. La unidad nacional, al parecer, sólo podía ser invocada por la sociedad civil precisamente por estar al margen del Gobierno y los partidos.

Sin embargo, los actores que decidieron convocar a la marcha olvidaron que la sociedad civil no es homogénea, sino plural. La sociedad civil de un país expresa en su composición las múltiples contradicciones y conflictos ideológicos, culturales, políticos y de clase, entre otros, que caracterizan a una sociedad.

La sociedad civil no es una unidad, sino una diversidad, y la única forma de que actúe unida es que haya una causa grave, de carácter histórico, que permita posponer temporalmente las diferencias y concentrarse en las coincidencias.

Es obvio que la amenaza de Trump a México no es percibida aun como una causa que exija la unidad nacional. No tratándose de un momento fundacional o final de un régimen, es lógico que haya actores de la sociedad civil que no quieran actuar como una unidad, y menos bajo la convocatoria de un sector de la élite intelectual, que al parecer pensó que era capaz de representar a la sociedad civil toda.

Es por ello que no debe extrañarnos el conflicto previo y posterior a la marcha. En ésta confluyó un número pequeño, pero simbólicamente importante de miembros de la élite intelectual, que es la primera en percibir el peligro que representa el gorila norteamericano.

Pero como toda élite, la intelectual no es aceptada acríticamente por los otros segmentos de la sociedad civil. La izquierda populista y los movimientos sociales radicales la perciben como un ente no comprometido con sus causas y ajena a los sufrimientos del País. Por su parte, el Gobierno la teme.

La izquierda populista mexicana es profundamente antiintelectual y rechaza a los actores de la sociedad civil en tanto éstos constituyen una red de intermediación entre la clase política y el pueblo.

El populismo postula la relación directa entre el líder y el pueblo. El pueblo indiferenciado es el sujeto que necesita una izquierda anclada en los viejos conceptos políticos del siglo 20, y que conserva por tanto una vena autoritaria y personalista que no es compartida por otros actores sociales.

 

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Hacia el control militar de la seguridad pública

Fuente: Ernesto López Portillo | Animal Político

15 febrero 2017. Se viene multiplicando exponencialmente la intervención militar en tareas policiales. De seguir así la tendencia, en un futuro cercano los militares habrán tomado el control de la seguridad pública en México.

Hay quienes creen que la militarización de la seguridad pública es reciente. Los hay también quienes han estudiado la historia de la seguridad en México y afirman que los militares siempre han estado más o menos presentes en funciones policiales. Lo cierto es que los últimos veinte años se conjugó un doble proceso a una velocidad sin precedentes; por un lado, el debilitamiento de las instituciones policiales y, por el otro, la multiplicación del despliegue militar.

“En el Informe del Resultado de la Fiscalización de la Cuenta Pública 2014, la Auditoría Superior de la Federación indicó que del periodo del 2007 al 2013 los operativos de la Sedena en el país tuvieron un incremento del 372.7 % al pasar de 11 en el primer año a 53 a la fecha del corte de la información. Precisó que el número de militares desplegados en promedio mensual se incrementaron [sic] en 69.9 %, al pasar de 45,085 elementos militares desplegados en promedio en el 2007 a 76,613 en el 2013”.

En el 2012 había 75 bases mixtas destinadas a seguridad pública con 1,680 militares asignados; para el 2016 eran ya 142 bases con 3,386 uniformados. A inicios de la administración de Peña las bases estaban en 19 entidades del país, ya en el 2016 la presencia se había extendido a 24 de ellas.

En otro ángulo, conviene recordar la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad 2016, donde se halló que las fuerzas armadas merecen alguna o mucha confianza por parte de más del ochenta por ciento de los entrevistados. La Marina de hecho se acerca al noventa por ciento. En cambio, las policías estatales y municipales merecen algo o mucha confianza solo por parte de la mitad de la población entrevistada o aún menos, colocándose la policía de tránsito en el mínimo de cuarenta por ciento. No hay novedades, las fuerzas armadas y las policías estatales y municipales se han ubicado siempre en el extremo superior e inferior de la confianza, respectivamente.

Es peor, los policías no son confiables para la gente pero muchos tampoco lo son para la propia autoridad. Información reciente ha confirmado que decenas de miles de policías realizan la función sin ser aptos para ello, según los estándares oficiales de control de confianza.

A tal punto se ha invertido en esta doble operación que al día de hoy casi nadie cree siquiera posible la profesionalización policial, mientras que la gran mayoría confía en los militares, incluso más allá de la evidencia como ésta. Los costos de la militarización son prácticamente inexistentes a cielo abierto, gracias a un fenómeno que la teoría de la comunicación llama “lealtad más allá de la razón”.

@ErnestoLPV

 

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El organigrama criminal del sistema político mexicano

Fuente: Adela Navarro Bello | Sin Embargo

15 Febrero 2017. Hace unos días el Gobernador de Veracruz, el panista Miguel Ángel Yunes Linares, dijo que la Procuraduría General de la República había recuperado ya, 30 de las 92 hectáreas que comprenden el Rancho Las Mesas que Javier Duarte compró en Valle de Bravo a razón de 223 millones de pesos, con dinero que pertenecía a las arcas estatales.

Aparte, la misma PGR confiscó y envió también para el Gobierno de Veracruz, un avión Learjet con precio de 50 millones de pesos, así como un helicóptero de 15 millones de pesos, ambos producto de la transa de Javier Duarte de Ochoa con los dineros públicos de aquel Estado.

Hay más. Yunes Linares dice que en efectivo, han recuperado 722 millones de pesos de los desfalcos del ex Gobernador priísta y prófugo de la justicia, y otro rancho, El Faunito, en Fortín, Veracruz, con un precio superior a los 200 millones de pesos.

La Auditoría Superior de la Federación ha presentado 55 denuncias ante la Procuraduría General de la República contra quien resulte responsable de simular la entrega de 9 mil 500 millones de pesos del Gobierno de Veracruz a la Tesorería de la Federación.
El desfalco de Javier Duarte de Ochoa se cuenta en miles de millones de pesos, transados paulatinamente al Gobierno de Veracruz, durante los más de 5 años que duró en el cargo para el que fue electo. A pesar de las investigaciones y las denuncias, fue hasta octubre de 2016 cuando un Juzgado emitió una orden de aprehensión contra Duarte por su presunta responsabilidad en los delitos de delincuencia organizada y operación con recursos de procedencia ilícita, luego que –también finalmente- el Gobierno Federal tomará la decisión de presentar una denuncia a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público contra el Gobernador depuesto y sus principales colaboradores, tiempo que Duarte y secuaces aprovecharon para huir, de Veracruz y de la justicia.

Cada día que transcurre, los mexicanos nos enteramos de más millones de pesos que Javier Duarte robó al Estado de Veracruz. Hemos visto los departamentos de lujo en el extranjero, las casas en México, los vehículos terrestres, aéreos y marítimos que poseía el ex Gobernador con ilícito cargo al erario. Hemos sabido de sus prestanombres y las empresas fantasmas que creó para robar más a los veracruzanos.

Ciertamente Javier Duarte es el culpable, o presunto culpable pues, (de aquí a que se le capture y luego sea juzgado), pero existen otros responsables del desvío patrimonial ocurrido en Veracruz. Empecemos el organigrama criminal del sistema político mexicano.

El Gobernador que transa y roba a la cabeza de la estructura criminal. En calidad de copartícipes, el Secretario de Finanzas que autoriza los pagos con recursos del Estado, el Contralor del Estado, quien debiera supervisar que todas las transacciones, licitaciones, convenios, contratos, y demás por parte del Gobierno del Estado, se lleven a cabo de manera legal, y en caso contrario, investigar y sancionar a los funcionarios responsables u omisos. El Oficial Mayor del Gobierno, responsable del inventario de bienes, la adquisición de los mismos, y el buen uso y destino de todos.

Como responsables directos están los Diputados del Congreso del Estado, los mismos que aprueban los presupuestos de egresos y las leyes de ingresos, avalan la petición de créditos por parte del Gobierno, autorizan los gastos millonarios, aprueban los egresos y avalan el gasto del Estado. Responsables directos también, quienes laboran en la Auditoría u Órganos de Fiscalización del Estado, quienes en la revisión de las cuentas públicas, deben revisar que los dineros hayan sido utilizados no solo de manera responsable, sino legalmente en beneficio del Estado y los gobernados. Detectar las compras ilícitas, los sobreprecios, las empresas fantasmas y los dineros desviados, para recomendar investigaciones y presentar denuncias.

En calidad de responsables abstractos están los partidos políticos de la oposición, que representados en el Congreso del Estado, en entidades federales, en los mismos institutos políticos, deben ser el contrapeso de un gobierno, señalar los excesos, los abusos, las omisiones y las transas, y presentar denuncias ante la autoridad responsable. Lo mismo los grupos de la sociedad civil organizada, quienes deben estar vigilantes de los gobiernos para señalarlos en casos de corrupción evidente, y exigir transparencia y rendición de cuentas.

La realidad es que algo ya no funciona o quizá nunca ha funcionado en el sistema político y de gobierno de México, que permite que ladrones como Javier Duarte de Ochoa, cuenten con recursos de complicidad y negociación con entidades de gobierno, partidos y sociedad, para desfalcar a un Gobierno por miles de millones de pesos. Significa que la estructura de supervisión, autorización y fiscalización del gasto no están funcionando, que se ha alejado del terreno de la ciencia de los números para anidarse en el peligroso campo de la política.

Si la Auditoría del Estado, la Contraloría, el Congreso del Estado y la Auditoría Superior de la Federación, no se dieron cuenta durante cinco años de las tropelías e irregularidades realizadas por Javier Duarte de Ochoa, deberían ser cómplices por omisión del robo al Estado de Veracruz, y deberían esas instancias atravesar por una transformación que les de verdaderos ojos, filosos dientes legales y participación ciudadana, para evitar que desfalcos como el de Veracruz sucedan de nueva cuenta.

La estructura de la fiscalización, el manejo de los recursos en los Estados de la República Mexicana, se ha convertido en un organigrama criminal del servicio público. Ahí está también el reciente caso de Chihuahua, donde el ex Auditor Superior señaló que de manera puntual alertó a los diputados locales, al análisis de la cuenta pública de 2015, de irregularidades en más de 30 dependencias por un monto total de 2 mil 328 millones de pesos.

 

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Contra la unidad

Fuente: Jesús Silva-Herzog Márquez | Reforma

13 Feb. 2017.Se equivocan quienes piensan que la unidad fortalece. Hablar como si fuéramos uno nos debilitaría. Sería, por supuesto, una falsificación. Imposible hacer desaparecer las discrepancias, borrar las desigualdades y los agravios, negar la contraposición de nuestros propios intereses. Pero esa fingida cohesión no solamente sería una farsa, sería, sobre todo, una mala estrategia. El pluralismo no amenaza el interés nacional como nos quieren convencer quienes ven con sospecha el disenso ante la amenaza. Hay mil maneras de defender al país. Creer que la única forma de hacerlo es respaldar al gobierno o deponerlo es abdicar de las muchas formas en que podemos hacer valer los intereses nacionales. ¿En verdad creen los promotores de la unidad que tener una sola voz frente al patán nos permitiría defendernos mejor de su amenaza? La diversidad no nos hace vulnerables. Lo que nos debilita frente al agresor son nuestros fracasos no nuestras diferencias.

Nos tienta el pensamiento bélico, ese que tacha de antipatriótico al pluralismo. Se evoca la disciplina y el sacrificio del Ejército como si fueran el gran ejemplo cívico. El soldado como el ciudadano auténtico. Tal vez podría entenderse el recurso retórico por la gravedad de las ofensas, por la seriedad de la amenaza. Pero el reflejo es torpe. No enfrentamos una invasión militar. Los retos que tenemos son muy distintos y no podrán encararse si pretendemos postergar el desacuerdo. Pensemos en los retos más graves: el de los migrantes y el del comercio. Las comunidades de mexicanos que viven allá enfrentan el odio que Trump ha cultivado y viven con miedo de la deportación. La economía mexicana se tambalea ante la incertidumbre del nuevo proteccionismo. No hay embudo que pudiera concentrar las energías mexicanas de manera eficiente para defender a los migrantes y para cuidar la economía del país. No habría representante, por lúcido y patriótico que fuera, con la capacidad de encarnar la defensa del país. En ambas tareas se requiere lo contrario de la unión: el vivo conflicto por los derechos y los intereses.

Pienso en el Tratado de Libre Comercio. El acuerdo, como es natural, ha tenido en México ganadores y perdedores. Si bien hay regiones y sectores que han obtenido enormes provechos del arreglo comercial, también es cierto que hay zonas y sectores que están lejos de ser beneficiarios de la integración. Si el acuerdo se abre a la renegociación, sería inaceptable el silencio de los damnificados. En defensa del interés nacional, la desunión es necesaria. Quiero decir que la pretensión misma de la unidad niega las complejísimas contrariedades de nuestra relación con el vecino. Apostar a la armonía es silenciar (otra vez) a los perdedores. Si el gobierno mexicano habrá de sentarse a negociar reformas al Tratado, necesitaremos mucha desunión. Visible y ruidosa desunión. No hay motivo racional para confiar en los emisarios. Es irracional creer que este gobierno pueda descubrir, en la última hora, dignidad frente al agresor.

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¿Vibrar o no?

Fuente: Denise Dresser | Reforma

13 Feb. 2017 ¿Vibrar o no vibrar? ¿Marchar o descalificar? ¿Enfrentar a Trump o denunciar a Peña Nieto? Esas fueron las preguntas hamletianas que dominaron el debate público en los últimos días, evidenciando nuestras divisiones, recalcando nuestras animadversiones, restando en vez de sumar. El debate se centró en los motivos turbios de unos y los cuestionamientos tramposos de otros. Que si la izquierda podía ir a una marcha convocada por la derecha. Que si uno debía marchar codo a codo con quienes siempre han descalificado las marchas y raras veces se paran en una. La discusión se volvió un pleito sobre quién posee el monopolio moral de las marchas: la “izquierda” purista que solo bendice a marchas cuando las convoca, o la “derecha” que las condena excepto cuando validan sus intereses.
Lo cierto es que hubo manipulación de ambas partes. Isabel Miranda de Wallace, irrumpiendo con el anuncio de que su marcha -México Unido- sería de denuncia a Trump pero de apoyo incondicional al gobierno. Televisa montándose sobre un esfuerzo que surgió de organizaciones civiles, en un obvio y contraproducente esfuerzo por revivir al Telepresidente. Figuras emblemáticas del conservadurismo intelectual, convocando a tomar las calles, cuando siempre han criticado a otros por hacerlo. Enrique Ochoa, anunciando que asistiría felizmente a marchar contra la corrupción, cuando su partido la ha hecho una marca registrada. Y finalmente, el propio Presidente felicitando al país por la unidad que las marchas demostrarían, sin entender que esa unión era en su contra. Actores que por apoyar las marchas, contribuyeron a debilitar su atractivo.

Por otro lado las izquierdas mimetizaron actitudes que tanto critican del otro bando. El sectarismo. La desacreditación socarrona, gratuita e intelectualmente deshonesta. La crítica a una movilización que catalogaron de “burguesa”, “pirrurris”, “activismo peluche”, “vedetismo intelectual”. La sorna clasista tan parecida a la que sus adversarios utilizan para trivializar las marchas por Ayotzinapa y tantos temas más, donde quienes marchan son calificados como “revoltosos”, “anarquistas”, “nacos” y “desestabilizadores”. Aquí se dio el reverso de la moneda. Nuestros auto-denominados líderes progresistas demostrando el peligro de odiar tanto a alguien, que comienzas a parecértele. Demostrando lo mismo que evidenció López Obrador cuando denunció la marcha masiva contra la inseguridad, esa de blanco, esa que detonó el impulso a los juicios orales y el nuevo sistema de justicia penal. Ayer, de nuevo, aguantamos la cruzada de la Santa Inquisición, con tuiteros pontificando sobre qué marchas son genuinas y aplaudibles, qué marchas son manipuladas y condenables.

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Extorsión

Fuente: Verónica Baz | Reforma

13 febero 2017. Hemos oído muchas veces que las cárceles son escuelas del crimen. Pero pocas veces se tiene información tan contundente como la del reportaje de El País e Imagen Televisión donde se muestra como, desde adentro del Reclusorio Norte, se llevan a acabo las llamadas telefónicas para extorsionar.

Una vez que salió el reportaje se le llamó a declarar al director de la prisión, Rafael Oñate Farfán, y algunos reos fueron reubicados. Como si, lo que se encontró y documentó, hubiera sido un caso de excepción. Una vez más, las medidas tomadas son una burla para la ciudadanía.

En este caso, el Gobierno federal y los gobiernos locales, se la pasa atendiendo los efectos, haciendo como que resuelven cuando en realidad no hacen mucho. Por ejemplo, prefiere invertir en campañas para que las personas denuncien casos de extorsión en lugar de erradicar el problema de origen. Cuando se ve que buena parte de las llamadas de extorsión vienen de los mismos números, se evidencia aún más las pocas ganas de todos para resolver el problema de raíz.

La solución más fácil para detener las llamadas de extorsión que vienen de los reclusorios sería que los reclusos no ingresen con teléfonos móviles. Pero esto parece ser mucho pedir. Por lo que la solución que se propuso hace años fue establecer bloqueadores de señal.

Lejos de funcionar, esta medida generó más corrupción y problemas a terceros. Primero, porque los bloqueadores se prenden y apagan a modo. Y segundo, porque cuando estos se prenden, el bloqueo no solo se da en un perímetro determinado sino que acaban afectando a las empresas que prestan servicios de telefonía mas allá del centro de readaptación social.

El año pasado el Instituto Federal de Telecomunicaciones estableció los cambios que se deberían llevar a cabo en los equipos de bloqueo con dos finalidades: que los equipos no cuenten con controles externos que permitan modificar la potencia, es decir, que no puedan ser manipulados, y que los sistemas de bloqueo no causen interferencias a otros equipos ni a las redes y servicios de telecomunicaciones.

Se estableció que los equipos deben adecuarse técnicamente a estos nuevos lineamientos en un plazo no mayor de 2 años, a partir de la entrada en vigor de la disposición técnica en agosto del 2016. El Gobierno en turno podría tomar el liderazgo y hacer este cambio, reduciendo las llamadas de extorsión, pero se dio 2 años para hacer el cambio de los equipos. Si bien esto podría ser poco, lo cierto es que en este tiempo saldrán cientos de miles de llamadas de extorsión de ahí. Y las víctimas serán familias que, en su mayoría, tienen bajos recursos, y/o que todos los días están decidiendo si invierten en México o no.

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Ojo al gato

Fuente: Manuel J. Jáuregui | Reforma

10 Feb. 2017. Debemos tener cuidado que por tener el ojo fijo y obsesionado en el garabato, que son las trumperías provenientes del norte del Bravo, descuidemos el gato de los problemas nacionales.
Está bien que hay que diseñar estrategias e implementarlas para neutralizar lo mejor posible los embates del trumpismo, pero no se nos puede olvidar que al interior arrastramos problemas de gran envergadura, como la INSEGURIDAD que se ha extendido por todo el País.

Zonas antes pacíficas como Cancún y Playa del Carmen se han calentado, y no se diga la frontera norte del País, en la que un día sí y otro también hay enfrentamientos, asaltos en carreteras, extorsiones, plagio de migrantes y demás males derivados de la impunidad que reina en nuestro México Mágico.

No hay mejor forma de defender a México que haciéndolo más fuerte, y la forma de lograrlo es superando los problemas que enfrentamos, derivados de innumerables errores del Gobierno, y que se siguen acumulando. Es un gran error que el Gobierno federal no haga ni el intento por controlar su gasto, que se excedió en el último ejercicio en casi 600 mil millones de pesos sobre lo autorizado por el Congreso. Error resulta, igualmente, el perenne gasolinazo y lo que de éste se derive, como aumentos en el precio de la energía eléctrica y la inflación.

Otro error, y GRANDE, es pretender sustituir a Agustín Carstens en el Banco de México con un funcionario cercano al Vicepresidente Videgaray, quien trae ya la voz cantante en todo, pues esto le quitará la independencia y autonomía indispensables para su cabal funcionamiento. Si es que acaso la guerra contra la corrupción ha iniciado, nadie está enterado, y este vicio sigue debilitando a nuestras instituciones. Y sin instituciones sólidas y funcionales, ¿cómo quieren enfrentar a Donald Trump?

Nos sorprendería que tardara siquiera un mes este “abuusuario” de Twitter en evidenciar alguna corruptela de funcionarios mexicanos, con lo que caería la indignación que pretenden desatar para “cerrar filas con el Señor Presidente” en un vano intento por levantar el índice más bajo de aprobación de un Presidente mexicano en la era moderna. ¡Tienen que ponerse a jalar los colaboradores de Peña para apaciguar al magisterio, restaurar la paz y el orden, reducir el gasto, garantizar la independencia y autonomía de Banxico y sacar el País adelante!

El dictador Trump no es nuestro único enemigo: “Hemos visto al enemigo, y él es nosotros”, dice una famosa frase. En el País tenemos muchos “Trumpitos” que no respetan leyes, moral ni persona alguna, que exhiben conductas chicharroneras, llenas de soberbia, abusivas, ilegales y contrarias al interés nacional. Y no hay quien los ponga en su lugar, como si México fuera una jungla dominada por el más feroz, no una república democrática, regida por leyes y dotada de nobles tradiciones. A veces damos la impresión -nos comentaba un amigo extranjero- que llegamos al borde del precipicio y por rendirle culto al machismo seguimos caminando.

 

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#VibraMéxico #YoSiVoy

Fuente: Alejandra del Río | Digitall Post

9 febrero 2017. CIUDAD DE MÉXICO.- Desde el día de la toma de posesión del Presidente Trump, me he sentido intranquila; todos los días la gente a la que nos gusta estar informados, que leemos el periódico, vemos mesas de discusión y aún más los que estamos metidísimos en redes sociales, nos encontramos con amenazas y declaraciones de nuestro vecino del norte, que nos ponen a temblar, a mí en lo personal me generan un sentimiento de angustia, porque a las bravuconadas (algunas) y sentencias en otros casos, de lo que nos viene en los próximos 4 años, tanto en lo económico con la salida inminente de EEUU del TLCAN, el muro al que ya deberíamos de llamar el graffiti más grande del mundo, que sin duda lo será y todas las otras gracias que el Sr. Trump nos viene anunciando desde su campaña, pero nunca pensamos que fuera a cumplir en órdenes ejecutivas 20 minutos después de pisar la oficina oval, pintan en el futuro de México.

Lo angustiante, insisto, es conocer las gigantescas deficiencias como negociadores de nuestros gobernantes, empezando por nuestro flamante canciller, quien con toda su buena voluntad por aprender el oficio diplomático, no tiene idea de los protocolos y tiempos de las negociaciones y pareciera que quiere ser el primero siempre, el primero en invitar a Trump a México, #epicfail, el primero en ir a negociar para que lo recibieran con amenazas vía tuit… ¡el primer cordero en el matadero pues!

Como mexicana me siento indefensa, no me ha dado razones el gobierno de Peña Nieto para que yo confíe en sus capacidades, no creo que un equipo inexperto, con dudosas intenciones y agendas, pueda dar el ancho para enfrentarse con lo que cada vez parece más un gabinete neonazi y acostumbrado a que nadie le diga que no a nada, se entiende, porque si en la iniciativa privada el dinero manda, y casi todos ellos vienen de ese sector, deben pensar que ordenan en países extranjeros como ordenaban en sus filiales transnacionales, quizá compartan la inexperiencia de Videgaray en las consecuencias que pueden devenir de amenazar a un jefe de estado, colgarle el teléfono a otro, amenazar empresas con inversiones en el extranjero y no permitir critica alguna descalificando a medios de comunicación, encuestas y a la opinión pública, si no les favorecen, simple y llanamente como falsas.

Ante este sentimiento de indefensión no me queda más que reclamarle a mi gobierno que se ponga a trabajar, que aprenda a comunicar, que me informe sobre las negociaciones que pretenda hacer, que presente su agenda en medios, para que la ciudadanía sepa (le convenga o no) lo que está sucediendo, por qué este es un caso atípico, son agresiones a nuestro Presidente, a nuestras fuerzas armadas, pero sobretodo a nuestros connacionales, a los migrantes que están en riesgo de perderlo todo, pintan a ser repatriaciones masivas de personas para las cuales ya no hay fuentes de empleo, el status quo de todos los mexicanos está por cambiar y creo que preocuparnos es nuestra obligación, exigir que nuestro gobierno actúe con cautela, que se hagan referéndums, que negocien por nosotros diplomáticos de carrera, es nuestro derecho.

He estado buscando opciones para actuar desde la sociedad civil, hay mucho que como ciudadanos podemos hacer y creo que lo primero debe de ser traer los ojos del mundo a México y señalarle a nuestros gobernantes que no seremos un pueblo pasivo como siempre lo hemos sido, que estamos dispuestos a organizarnos para que tomen en cuenta nuestra opinión y que no les vamos a permitir ni una “chamaqueada” más; hay mucha gente experimentada y talentosa, que se apoyen en ella y dejen de comportarse como niños regañados ante los berrinches y rabietas de Trump, Bannon y el resto de sus compinches.

Es momento de demostrar nuestro profundo sentimiento de respeto y amor por México y participar en todas las iniciativas que podamos, tanto para reactivar nuestro mercado interno: comprar lo hecho en México, viajar por nuestro país, bajarle a nuestro consumo de artículos importadas, conservar esa actitud de patriotismo no solo porque sentimos que han insultado a nuestro país, sino porque ya nos lo debíamos, por que México es maravilloso y tenemos todo para salir adelante.

¿Y qué más podemos hacer? Participar en las marchas, en las vallas humanas demostrarle al mundo que no vamos a permitir que nos falten al respeto y que los mexicanos, contra todo lo que se dice de nosotros, ¡Sí podemos unirnos!

Tuve el gusto de que me invitaran a que participara con el grupo de organizadores de #VibraMéxico una marcha que estamos convocando para el domingo 12 de febrero a las 12:00 del día, que partirá del Auditorio Nacional para caminar por Reforma al monumento a la Independencia, vamos a cantar el Himno Nacional y a expresarle tanto a Trump como a nuestro gobierno muchísimas cosas que tendrán necesariamente que oír.

Me parece una iniciativa muy positiva, no entreguista, como lo que la señora que le lleva pastelitos al Presidente (Wallace) quiere hacer, sino exigiendo respeto tanto de Trump y su equipo, como de las ordas de estadounidenses que le siguen, y que han comenzado una nueva ola de racismo en su país, pero también respeto de nuestro gobierno, que ya tiene que enterarse que no le vamos a permitir más errores o negociaciones absurdas, que no nos vamos a conformar con otro videíto del Presidente Peña diciendo que no pasa nada, ni admitiremos más “Verdades históricas” que son mentiras a todas voces. Por todo esto tenemos que salir de nuestro letargo y hacernos escuchar.

Nuestra marcha es una expresión apartidista, pacífica y respetuosa para defender los derechos de todos, exigir un buen gobierno y celebrar el orgullo de ser mexicano.

No podemos cruzar los brazos ante la situación que vivimos. No más quejas, hagamos que nuestra voz escuche fuerte y claro.

Es lamentable leer de pronto comentarios de gente poco informada que dice que marchas como #VibraMéxico, son organizadas por el gobierno, solo por aclarar NO, no tenemos nada que ver con ellos, somos más de 70 asociaciones civiles, sin agenda política o electorera; aquí les enumero algunas para que no les quede la menor duda:

#YosiVoy a #VibraMexico

@Alejandra05 @ADRRelPublicas @Digitallpost

 

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Marchemos, marchemos

Fuente: Leo Zuckermann | Excelsior

09 de Febrero de 2017. México es un país plural donde existen muchas diferencias de opiniones. Qué bueno. La idea, según entiendo, es dejar a un lado dichas discrepancias para expresar nuestro rechazo en contra del troglodita autoritario.

Estamos en deuda. En otros países, incluyendo Estados Unidos, ha habido muchas manifestaciones en contra de la llegada de Donald Trump a la Presidencia estadunidense y lo que eso representa. Pero en México, uno de los países más amenazados por la visión del demagogo narcisista, no hemos marchado masivamente para expresar nuestro enojo y rechazo. Es hora de cumplir con esta obligación moral. Por eso celebro la organización de las marchas #VibraMéxico que se realizarán el próximo domingo 12 de febrero en varias ciudades del país (ver horarios y lugares en vibramexico.com.mx/Estados).

En las redes sociales muchos están preocupados porque estas manifestaciones sean en favor del gobierno de Peña Nieto. Paradójicamente, hay también a quienes les disgusta que vayan a convertirse en protestas contra éste. No nos hagamos bolas: las marchas son en contra de Trump y lo que representa para México, Estados Unidos y el resto del mundo.

México es un país plural donde existen muchas diferencias de opiniones. Qué bueno. La idea, según entiendo, es dejar a un lado dichas discrepancias para expresar nuestro rechazo en contra del troglodita autoritario que quiere construir un muro fronterizo, deportar a nuestros paisanos indocumentados y bloquear nuestras exportaciones. Las manifestaciones no son ni a favor ni en contra de Peña: los organizadores claramente han dicho que son contra Trump.

Así lo expresan: “El Presidente Trump ha emprendido una embestida contra un mundo plural, diverso, incluyente y cooperativo. Un embate contra los derechos humanos, el derecho internacional, la soberanía de las naciones y la seguridad global. Sus acciones discriminatorias y proteccionistas contra México afectarán seriamente nuestra economía y amenazan los derechos y la seguridad de los mexicanos de aquí y de allá. Es momento de que los ciudadanos sumemos esfuerzos y unamos voces para manifestar nuestro rechazo e indignación ante las pretensiones del presidente Trump, a la vez de contribuir a la búsqueda de soluciones concretas ante el reto que ellas implican”. Es muy sencillo: si usted está a favor de esta declaración, salga a marchar. Si no, pues no.

¿Qué pretenden las marchas? #VibraMéxico lo tiene muy claro. La convocatoria es en favor de: “Defender a México y a los mexicanos ante las amenazas del gobierno de Trump; anteponer los intereses de los mexicanos en toda negociación con el gobierno norteamericano; requerir que el gobierno informe de manera permanente sobre las negociaciones con Estados Unidos; exigir al gobierno de México evitar la simulación y asumir acciones concretas e inmediatas para combatir la pobreza, la desigualdad, la corrupción y la impunidad; demandar el respeto y la protección de los derechos de toda persona, independientemente de su nacionalidad, condición migratoria, raza o religión; y establecer el respeto, cooperación y solidaridad como bases del entendimiento y amistad entre las naciones”. Quizá hay algo de cursilería en la redacción de los objetivos pero, de nuevo, si usted está a favor de estas propuestas, venga a marchar. Si no, pues no.

@leozuckermann

 

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Marcha vs. Donald y más allá de Trump

Fuente: José Buendía Hegewisch | Excelsior

9 febrero 2017. Callar no es sólo dejar de hablar, es omitir. Pasar en silencio es abstenerse de ejercer un derecho fundamental. Tras meses de ataques al país, los mexicanos se alistan a salir a las calles para manifestarse contra las políticas antiinmigrantes de Trump, cuyas expresiones racistas generan una indignación entre la sociedad, así como molestia con el gobierno por su debilidad al afrontar la amenaza exterior. La crisis de la relación con EU converge con el descontento por la mala situación interna y las fronteras entre los gobiernos que son cada vez más difíciles de separar por su profunda interdependencia.

En la calle el país ha tardado en levantar la voz contra Trump, a pesar de ser el principal afectado por la ofensiva política del gobierno de EU contra la migración y el comercio. ¿Por qué la omisión? En efecto, mientras en EU y otros países suman más de cuatro millones de personas que toman la calle para expresar repudio desde su arribo a la Casa Blanca, la resistencia aquí ha sido poco vigorosa y con un alto grado de ionización de asuntos internos, como el rechazo al gasolinazo. No obstante, el único antecedente fue una manifestación de medio centenar de personas en calles de la CDMX tras la toma de posesión de Trump, sólo un par de semanas después de los días de furia por el aumento del precio de la gasolina.

Creo que la reacción apocada es expresión de desconcierto. Por ejemplo, la misma marcha, desde su convocatoria, refleja confusión de objetivos y la convergencia por el malestar de las agresiones de fuera y el descontento por la problemática interna. Más de seis decenas de organizaciones civiles están llamando a salir a la calle para exigir “respeto” al país y expresar solidaridad con los paisanos migrantes y demandar buen gobierno y atacar las problemáticas que frenan el desarrollo. En el fondo comparten las mismas dudas de los partidos y legisladores para responder a los llamados a la unidad ante la amenaza del exterior y no prestarse al juego de “omisiones” del gobierno por la problemática interna o dar un cheque en blanco a Peña Nieto para renegociar el TLCAN y dejar de lado los factores que explican la desaprobación a su administración.

El problema de solapamiento de agendas internas y  externas suele conducir a la desmovilización. La confusión puede verse cuando el grupo de notables de Por México Hoy llaman a dar respuesta por igual al “desastre interno” y las “políticas agresivas” de Trump, pero, como dijera uno de sus voceros, Cuauhtémoc Cárdenas, no agitando banderas en las calles sino cambiando el modelo de desarrollo. ¿Al mismo tiempo? O cuando en el Senado se pide la intervención directa en la negociación del TLCAN para acotar el margen de acción del Ejecutivo, aunque tiene sus propias atribuciones para vigilar y sancionar los acuerdos de política exterior en el balance de poder entre ambos. La mezcla de demandas en la marcha debe fortalecer la capacidad del Estado en la negociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte y  erradicar la preocupación sobre la debilidad del gobierno para lograr un buen resultado.

 

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