Marcha vs. Donald y más allá de Trump

Fuente: José Buendía Hegewisch | Excelsior

9 febrero 2017. Callar no es sólo dejar de hablar, es omitir. Pasar en silencio es abstenerse de ejercer un derecho fundamental. Tras meses de ataques al país, los mexicanos se alistan a salir a las calles para manifestarse contra las políticas antiinmigrantes de Trump, cuyas expresiones racistas generan una indignación entre la sociedad, así como molestia con el gobierno por su debilidad al afrontar la amenaza exterior. La crisis de la relación con EU converge con el descontento por la mala situación interna y las fronteras entre los gobiernos que son cada vez más difíciles de separar por su profunda interdependencia.

En la calle el país ha tardado en levantar la voz contra Trump, a pesar de ser el principal afectado por la ofensiva política del gobierno de EU contra la migración y el comercio. ¿Por qué la omisión? En efecto, mientras en EU y otros países suman más de cuatro millones de personas que toman la calle para expresar repudio desde su arribo a la Casa Blanca, la resistencia aquí ha sido poco vigorosa y con un alto grado de ionización de asuntos internos, como el rechazo al gasolinazo. No obstante, el único antecedente fue una manifestación de medio centenar de personas en calles de la CDMX tras la toma de posesión de Trump, sólo un par de semanas después de los días de furia por el aumento del precio de la gasolina.

Creo que la reacción apocada es expresión de desconcierto. Por ejemplo, la misma marcha, desde su convocatoria, refleja confusión de objetivos y la convergencia por el malestar de las agresiones de fuera y el descontento por la problemática interna. Más de seis decenas de organizaciones civiles están llamando a salir a la calle para exigir “respeto” al país y expresar solidaridad con los paisanos migrantes y demandar buen gobierno y atacar las problemáticas que frenan el desarrollo. En el fondo comparten las mismas dudas de los partidos y legisladores para responder a los llamados a la unidad ante la amenaza del exterior y no prestarse al juego de “omisiones” del gobierno por la problemática interna o dar un cheque en blanco a Peña Nieto para renegociar el TLCAN y dejar de lado los factores que explican la desaprobación a su administración.

El problema de solapamiento de agendas internas y  externas suele conducir a la desmovilización. La confusión puede verse cuando el grupo de notables de Por México Hoy llaman a dar respuesta por igual al “desastre interno” y las “políticas agresivas” de Trump, pero, como dijera uno de sus voceros, Cuauhtémoc Cárdenas, no agitando banderas en las calles sino cambiando el modelo de desarrollo. ¿Al mismo tiempo? O cuando en el Senado se pide la intervención directa en la negociación del TLCAN para acotar el margen de acción del Ejecutivo, aunque tiene sus propias atribuciones para vigilar y sancionar los acuerdos de política exterior en el balance de poder entre ambos. La mezcla de demandas en la marcha debe fortalecer la capacidad del Estado en la negociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte y  erradicar la preocupación sobre la debilidad del gobierno para lograr un buen resultado.

 

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