Lucifer en Iguala

Fuente: Cecilia Soto / Excélsior

Mejor reinar en el infierno que servir en los cielos,  Lucifer. El paraíso perdido, de John Milton

luciLa desesperación es mala consejera. Voces en el Partido de la Revolución Democrática, PRD, piden que para las elecciones de 2015, los posibles candidatos se sometan a la prueba del polígrafo. Pero qué necedad, ¿para qué repetir el error de Guerrero? Transcribo lo publicado por el Diario 24 horas el 21 de octubre: “El último corte oficial sobre las evaluaciones de control de confianza, correspondiente al pasado 30 de septiembre y publicado por el SESNSP (Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública) en su página de internet, muestra que Guerrero tiene más de 91% de sus policías locales evaluados, y de acuerdo con autoridades consultadas de la entidad actualmente el procedimiento está concluido”. Diversas ONG autoproclamadas expertas en temas de seguridad cuestionaron no las pruebas, que incluyen prominentemente el uso del polígrafo, sino a las autoridades que las realizaron.

Pero no se trata de quién realiza las pruebas sino del sustento teórico que está detrás del uso del polígrafo. Esta prueba supone rasgos de carácter inmutables en los individuos: quien falló la prueba, siempre representará la potencial “manzana podrida” que contaminará al resto. Quien la aprueba el que resistirá todo tipo de tentaciones. Es una prueba centrada en el individuo y no en las circunstancias, en el ambiente, en las instituciones, que hacen que un ciudadano saludable socialmente se pueda convertir en un peligro para la sociedad.

La verdad incómoda es que las personas no son malas o buenas, sino que todos (en distintas medidas) somos capaces de hacer cosas impensables y hasta perversas según la situación en la que nos encontremos. Es decir el comportamiento no es producto de rasgos de carácter indelebles e incambiables sino de los efectos de la interacción entre la persona y la situación. Si algo nos enseñan los horrores del nazismo es que ciudadanos ordinarios, los buenos alemanes, fueron capaces de las prácticas más inhumanas bajo el influjo de un sistema que alentaba la obediencia ciega a la autoridad, el temor desmedido a ésta, la pérdida del sentido de responsabilidad individual y la transferencia de ésta a la autoridad reverenciada.

Como lo ha documentado el psicólogo Phillip Zimbardo, autor del libro El Efecto Lucifer, la conducta abominable de los soldados norteamericanos en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, sólo reproduce en la vida real lo que él ya había encontrado en el famoso “Experimento de la Cárcel de Stanford”, en 1971 o lo que documentó Stanley Milgram en 1963 con su experimento de toques eléctricos: individuos sanos y correctos, se convertían en monstruos, en torturadores sádicos, una vez que las circunstancias los hacían experimentar una autoridad sin límites, un poder total sobre el vulnerable.

El dicho la ocasión hace al ladrón, refleja más exactamente la interacción entre la persona —que no nace ladrón, que no lo es— que se hace delincuente por fuerza del juego entre las circunstancias personales y las situacionales. Zimbardo se pregunta sobre el dicho “una manzana podrida echa a perder el resto” : ¿no será más bien que la caja que las contiene inicia la pudrición?

De nada servirá que separen a las “manzanas podridas” de la policía de Iguala y Cocula, que reentrenen a los policías restantes, si no cambian las circunstancias que hicieron corromperse a los primeros. Los nuevos policías podrán pasar las pruebas del polígrafo con notas brillantes pero si no cambia el contexto social, las situaciones en las que estarán inmersos, los arreglos sociales e institucionales, si no cambia la “caja” que los contiene, volverán a corromperse, como se corrompieron los guardias de Abu Ghraib.

Lejos de constituir un enfoque que proponga tareas incumplibles por lo ambicioso, este abordaje que se centra en los factores situacionales es uno mucho más pragmático y eficaz que el enfoque que propugna solucionar la raíz de los problemas: acabar con la pobreza que lleva a algunos jóvenes a la delincuencia, educar en valores, poner fin a la desigualdad. Todo esto debe hacerse pero son tareas generacionales.

En contraste, si el comportamiento no deseado emana de la interacción de personas y de situaciones, es mucho más sensato y “rentable” intervenir en los factores situacionales que propician o favorecen dicho comportamiento, pues intervenir en las “motivaciones” y valores de la persona es mucho más difícil, incierto, y en cualquier caso, el efecto de ese tipo de intervenciones tarda mucho tiempo en verse.

Ver las fotografías del alcalde fugitivo de Iguala, José Luis Abarca y de su esposa María de los Ángeles Pineda, hace difícil imaginarlos como la personificación del mal, un nuevo ensayo de Lady Macbeth corrompiendo a su compañero con tal de seguir manteniendo el control férreo de la región. Sin negarla, es una versión demasiado concentrada en apenas dos personas para explicar cómo fue que Lucifer tomó Iguala, desolló a un estudiante, mató a otros seis, desapareció a 43, arrojó en fosas clandestinas a decenas.

¿Qué circunstancias cercanas, próximas, inmediatas, hicieron posible convertir a esa región en un infierno para tantos ciudadanos? Sin duda la impunidad cotidiana, la actitud de avestruz de las autoridades estatales y en algún grado de las federales, los presupuestos mínimos para las policías locales y su vulnerabilidad frente a las mafias locales, el abandono de las normales rurales y su trato como “casos perdidos”, el cultivo clandestino de la amapola, el tráfico de la goma de opio. Una a una, esas circunstancias pueden modificarse y cambiarse, piénsese por ejemplo, en que como en Sinaloa durante la Segunda Guerra, sea el Estado el que compre la cosecha de amapola para la producción de medicamentos opiáceos. ¿Por qué no?

@ceciliasotog

*Analista política

 ceciliasotog@gmail.com

http://www.excelsior.com.mx/opinion/cecilia-soto/2014/10/27/989110

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IMSS: pequeñas grandes reformas

Fuente: María Amparo Casar / Excélsior

reformasLos gobiernos suelen olvidar que son las “pequeñas” refomas y medidas administrativas más que las reformas constitucionales las que hacen las “grandes” diferencias. Medidas que no tienen mucha espectacularidad y que apenas tienen cobertura en los medios, pero que son las que cambian la calidad de vida de las personas.

A la mayoría de los ciudadanos casi nada importa el gran proyecto reformista del Pacto por México que colocó al país en las primeras planas internacionales. Pocos conocen las reformas, menos las entienden, una proporción todavía menor las considera importantes. Las reformas estructurales y las promesas que ofrecen son intangibles para el ciudadano.

Las que no son intangibles son las políticas que afectan a la población en su día a día: si funciona mejor la expedición de licencias, si se puede cobrar una pensión sin mayores trámites, si el beneficiario de un crédito de vivienda no tiene que darle dinero al coyote para aligerar la espera, si la basura es recogida.

Un caso notable es el del IMSS, que durante este sexenio se ha ido distinguiendo, a las callando, por introducir innovaciones que sí hacen la diferencia: que no cuestan al erario y benefician al usuario.

Bajo la titularidad de González Anaya se presentó una iniciativa de reforma para homologar los conceptos que determinan el salario base de cotización con los del ISR y así terminar con la práctica de subreportar los salarios al IMSS para reducir el pago de las cuotas obrero-patronales, pero abultar el costo de su nómina cuando informan al SAT para pagar menos impuestos. La iniciativa que ahorraría tres mil millones de pesos al IMSS fue aprobada en la Cámara de Diputados, pero bloqueada en el Senado.

El Instituto no se quedó cruzado de brazos por el fracaso legislativo ni su director recurrió al fácil expediente de que: “No me dejan hacer las hacer cosas”. A aquella propuesta siguieron otras que no tienen que pasar por el Congreso ni exponerse al cabildeo de los poderes fácticos. Al contrario, se ha concentrado en políticas que están en sus manos y que están impactando favorablemente a la institución y al derechohabiente.

En el reciente informe del IMSS se da cuenta de algunas reformas no en ciernes sino que ya han dado frutos. La primera fue la reducción del uso de reservas de más de 24 mil a menos de 12 mil millones de pesos. La institución no puede cantar victoria en términos de su saneamiento financiero, pero bajar el déficit en 50% en 20 meses de gestión no es poca cosa.

A ello se agregaron otras medidas como los sistemas para mejorar el abasto de medicinas que se tradujeron en un ahorro de mil 500 millones de pesos y, sobre todo, la consolidación en la compra de medicamentos (estamos hablando de uno de los tres compradores más grandes del gobierno mexicano) que generó un ahorro de tres mil 700 millones de pesos, además de fomentar la competencia y beneficiar a la industria farmacéutica nacional.

Ambas medidas son importantes para las finanzas del Instituto, pero podría decirse que los derechohabientes no perciben en su bienestar los beneficios inmediatos. Por eso también se implementaron políticas dirigidas a los usuarios de los servicios médicos.

Quizá ya se nos olvidó, pero en 2009 el IMSS ganó el premio al trámite más inútil: una mujer que debía administrar dos veces al mes un medicamento controlado a su hijo, tenía que hacer un trámite que pasaba por ocho manos entre sellos, autorizaciones y copias. El tiempo de espera que debía enfrentar iba de los cuatro a los quince días, tiempo que su hijo debía aguardar para recibir la dosis.

Para enfrentar este problema se creó el Programa de Receta Resurtible. Una medida que no tiene que pasar por el Congreso y que al tiempo que ayuda a sanear financieramente al IMSS mejora el servicio. Se trata de una reforma sencilla que cambia sustancialmente la vida de todos aquellos que requieren medicamentos periódicos para padecimientos crónicos. Un porcentaje importante de las casi 500 mil consultas diarias del IMSS son con el único propósito de resurtir una receta. Para ello se tiene que agendar cita, acudir a consulta y perder el tiempo para obtener el medicamento. Ahora, en lugar de tener que acudir a una cita, los enfermos con estos padecimientos obtendrán una receta que cubre los medicamentos por tres meses. Esta pequeña medida es de gran impacto en términos de la liberación de consultorios, del tiempo de los médicos y del de los pacientes que en ocasiones perdían un día de trabajo sólo para conseguir su receta. Se estima que el programa libere siete millones de consultas al año. Para cerrar el círculo está también en marcha el programa de simplificación administrativa que permitirá realizar por internet un buen porcentaje de los 12 millones de contactos en ventanilla.

Sin duda el IMSS tiene mucho por avanzar y no puede preciarse de ser una institución de clase mundial, pero esto es mover a México, y en la dirección correcta. Menos titulares y menos espectacularidad, pero más efectividad en la gestión parece ser la marca del IMSS. Ojalá y otras instituciones la adopten.

*Investigador del CIDE

amparo.casar@cide.edu

@amparocasar

http://www.excelsior.com.mx/opinion/maria-amparo-casar/2014/10/29/989474

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Ante la desconfianza: transparencia en los partidos políticos

Fuente: Francisco Guerrero Aguirre

consciu1La inconformidad ciudadana hacia los partidos políticos se ha incrementado sustancialmente a partir de los fatídicos hechos acontecidos en el estado de Guerrero. Precedidos de una fama pública decadente, estas instituciones de interés público tienen la oportunidad de obtener algo positivo de esta crisis de confianza social. La solución está en profundizar la transparencia en su vida interna, aprovechando el nuevo marco legal que ellos mismos generaron en el Congreso.

Al hacer referencia de la transparencia electoral, debemos considerar a dos sectores que la componen. Por una parte, las autoridades que organizan y rigen los procesos electorales y, por otra, a quienes son protagonistas de los mismos; es decir, los partidos políticos, cuya naturaleza jurídica en materia de transparencia ha sido modificada mediante la más reciente reforma del artículo 6 constitucional, misma que señala que éstos dejan de ser órganos indirectos y pasan a ser sujetos obligados directos.

Esta modernización crea un nuevo sistema nacional que fortalece la protección del derecho fundamental de acceso a la información pública, garantizando de mejor manera los procedimientos para hacerlo valer por las personas que están interesadas en saber qué, con qué y cómo se hace la política. Esto implica cambios profundos para los 10 partidos políticos nacionales, así como para los de ámbito local, porque deberán actualizar su estructura, organización y funcionamiento.

La legislación secundaria en materia de transparencia, que aún está pendiente en el Congreso, debería recoger la experiencia que se ha generado en la materia desde hace más de cinco años y generar nuevas obligaciones con un grado de exigibilidad aún mayor, no sólo para los partidos sino para el propio IFAI que deberá actualizar sus procesos, aumentar sus capacidades organizacionales y de recursos humanos, así como aplicar un proceso interno de aprendizaje para responder a los desafíos que las nuevas leyes planteen.

En ese camino es vital aprovechar la experiencia que generó el IFE y ahora el INE. Gracias al esfuerzo de consejer@s y de magistrad@s del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ya existen buenas prácticas que serán de gran utilidad para construir el entramado legal que se utilizará en el futuro.

Ante la trascendencia de construir un nuevo modelo de transparencia electoral, el primer reto será revisar la normatividad interna de los partidos, lo que significa actualizar sus documentos básicos, emitir reglamentos de transparencia, así como lineamientos específicos para cada uno de los temas. Este paradigma deberá considerar una reestructuración administrativa y presupuestal que permita contar con capacidad operativa especializada para atender al público personalmente, aplicar nuevas tecnologías en las páginas webs y conectarse a la plataforma Infomex.

Cercanos al proceso electoral 2015, es importante recordar que la transparencia en los partidos no sólo abarcará a las actividades ordinarias, sino las extraordinarias, incluyendo las propias de precampañas e incluso de las campañas. En todo lugar y en todo momento, la transparencia y la rendición de cuentas permitirán que l@s ciudadan@s se informen de manera directa frente a quienes l@s representan.

BALANCE: Los nuevos compromisos de transparencia, a los que están sujetos los partidos, son una gran oportunidad para l@s ciudadan@s de fiscalizar socialmente su vida interna y ejercer el legítimo derecho a la rendición de cuentas, que tanto se necesita en un modelo de competencia electoral asediado por la violencia y el narcotráfico.

En este momento tan crítico de nuestra convivencia social se necesita que los partidos sean sometidos a un régimen de rendición de cuentas más severo, que permita que la información respecto de sus proveedores; situación patrimonial; inventarios de bienes; montos totales de cuotas de militantes; montos recaudados en eventos de autofinanciamiento, y procesos internos para la selección de sus candidatos, se conozcan por tod@s, en beneficio de la credibilidad del propio sistema político.

@pacoguerreroa65

http://www.excelsior.com.mx/opinion/francisco-guerrero-aguirre/2014/10/29/989487

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El fracaso de la política

Fuente: Javier Solórzano Zinser  / La Razón

Si algo ha mostrado la vida violenta en Guerrero y Michoacán es que en medio del caos las universidades siguen siendo confiables. No es casual que para sustituir a dos gobernadores se haya pensado en la Universidad Autónoma de Guerrero y en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

La buena noticia, dentro de las situaciones al límite que se están viviendo en Guerrero y Michoacán, es que las universidades públicas estatales siguen siendo un bastión social de confianza y seguridad. Sus hombres y mujeres representan para la sociedad la posibilidad de que las cosas sean distintas. La nobleza universitaria y el trabajo que en ellas se desarrolla son reconocidos por la sociedad. Los políticos acuden a ellas para intentar salvar situaciones extremas, las cuales ellos, de alguna u otra forma, han provocado.

En medio del deterioro de las instituciones y de la poca credibilidad que generan, las universidades muestran otras caras de la terca realidad que nos tiene abrumados. Los académicos no están para dedicarse a este tipo de labores. La coyuntura los ha colocado en situación extrema; sin embargo, no olvidemos que no es su chamba y que el hecho de buscarlos es una demostración del fracaso de la política en estos dos estados.

El riesgo que están corriendo Salvador Jara Guerrero, ex rector de la Nicolaíta, y Rogelio Ortega, ex secretario general de la UAG, es alto y de consecuencias. Si las cosas no salen las puertas para tratar de solucionar el problema se van acabando.

Acudir a los académicos es no sólo un intento de solución, se busca con ello también generar tranquilidad y certidumbre. Pero, desde donde se vea, no se pierda de vista que los académicos trabajan en centros de investigación y en las aulas con estudiantes y no se preparan, suponemos, para atender los asuntos de un estado en el Palacio de Gobierno.

En Guerrero y Michoacán han encontrado salidas para la gobernabilidad y credibilidad en personajes que tienen una vocación educativa. Eso los puede hacer aptos en función de los conocimientos adquiridos, y sobre todo porque el trabajo académico si algo enseña es a pensar, reflexionar y debatir.

Sin embargo insistimos, no se debe equivocar el camino. Si bien se puede estar resolviendo un problema, sin duda extremo y doloroso, lo que debieran ver los políticos es el reconocimiento del fracaso de su trabajo; han tendido que buscar salidas fuera de su actividad profesional.

Es una buena noticia que los académicos estén en el frente en dos estados que están entre el dolor y la impunidad. Pero también es de llamar la atención cómo se ha llegado al fracaso del ejercicio de una actividad noble como es la política.

- RESQUICIOS…

Así nos lo dijeron ayer:

* No hay duda que estamos en una situación excepcional. Tenemos que construir un pacto social como fue el Pacto por México: Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del CCE.

solorzano52mx@yahoo.com.mx
@JavierSolorzano

http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=233972

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Verdaderos activistas

Fuente: Bibiana Belsasso / La Razón

malala1 Mientras en México hay muchos personajes que dicen luchar por la educación, que únicamente se esfuerzan por hacer paros y buscan hacer política en su propio beneficio, hay muchas historias en otros países del mundo, con gente que realmente se esfuerza por tener una mejor educación.

Un caso emblemático es la paquistaní Malala Yusufzi, quien acaba de recibir el premio Nobel de la Paz. Malala ha luchado por la educación de las mujeres en su país, hecho que casi le cuesta la vida. Esta niña de apenas 17 años escribió un blog en la página web de la televisora BBC de Inglaterra para denunciar la manera en que los talibanes habían cerrado escuelas para niñas.

Malala seguía acudiendo a clases disfrazada de hombre. Cuando los talibanes descubrieron que era esta niña la que había escrito el blog con denuncias entre 2008 y 2009, atentaron contra ella.

En octubre del 2012 regresaba a su casa, en una camioneta con otras 15 niñas después de haber terminado sus exámenes. Dos hombres armados subieron al camión y preguntaron quién era Malala, y cuando ella respondió le dieron dos disparos en la cabeza. La dejaron tirada pensando que había muerto.

Ahora ha recibido, además del premio Nobel, muchos reconocimientos por su labor y esfuerzo para que las niñas puedan seguir estudiando. Ha tardado en recuperarse del atentado y todavía tiene secuelas, pero ahora vive con su familia en Londres.

Sigue estudiando, pero sobre todo sigue en la lucha, trabajando por la educación y los derechos de quienes sufren terrorismo.

Otra historia es la de Joshua Wong, un joven de 17 años que es activista estudiantil en Hong Kong. Hoy es considerado una de las figuras clave de la protesta en su país. Es fundador del movimiento Scholarism, formado por estudiantes de secundaria, preparatoria y universidad. Desde los 15 años encabezó un movimiento de oposición al proyecto del gobierno chino de introducir en las escuelas de Hong Kong una materia obligatoria llamada Educación Moral y Nacional, cuyo fin era adoctrinar a los estudiantes para que alabaran el comunismo, y que condenaba la democracia del mundo occidental.

También encabezó una protesta contra la reforma electoral impuesta por China, que dice que el electorado sólo puede escoger entre una terna de candidatos, aprobados por el gobierno de China. Fue detenido el pasado 26 de septiembre por la policía de Hong Kong. Finalmente fue puesto en libertad dos días después y regresó a su movimiento recordando a sus seguidores que la lucha era pacífica y que esa es la única manera en la que lograrán algo benéfico.

También está la historia de Kim Phuc, quien en 1972, cuando tenía apenas 9 años, durante la guerra de Vietnam, los estadounidenses lanzaron una bomba de napalm, en la zona de Trang Bang. Ella se quemó, estuvo 14 meses en el hospital y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel. Su foto recorrió el mundo.

Cuando creció quiso estudiar medicina, pero el gobierno de Vietnam se lo prohibió por considerarla una imagen de guerra. Tuvo que ir a La Habana a estudiar lenguas. Después pidió asilo político en Canadá y ha trabajado desde entonces en su fundación, que ayuda a niños víctimas de guerra. Hoy es embajadora de Buena Voluntad por la UNESCO.

Estos personajes tienen un fin común: han luchado para poder estudiar y por la educación de sus compatriotas. Casi siempre arriesgando su vida. Si en México tuviéramos activistas de este tipo, que lucharan contra quienes continuamente impiden que se pueda estudiar en este país, nuestros niños y adolescentes tendrían, sin duda, una gama mucho más amplia de oportunidades y una mejor calidad de vida.

bibibelsasso@hotmail.com
@bibianabelsasso

http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=233837

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Partido de la red

partredFuente: Carlos Requena / El Economista

En la poderosa era de la información, todo circula a alta velocidad en la vía global de Internet. Sin embargo, los motores de la democracia mexicana transitan con rezago. El proceso electoral 2014-2015 se desarrollará con modelos obsoletos de la relación Estado-sociedad, a partir de los cuales iniciará la próxima carrera presidencial. En materia electoral, buena parte del potencial de la red se evapora desperdiciando valiosísimas oportunidades de avance democrático.

Experiencias como la compartida por la politóloga Pia Mancini, con la reciente creación del Partido de la Red, en la ciudad de Buenos Aires, son dignas de analizar. Ante la indisposición y apatía de los partidos políticos para cambiar sus autoritarias formas de tomar decisiones, esta politóloga de democracia en red y un grupo de colaboradores construyeron una interesante propuesta. Decidieron no seguir siendo simplemente receptores pasivos del monólogo político y generaron una plataforma web de código abierto llamada DemocracyOS, para servir de puente entre ciudadanos y autoridades electas, haciendo más fácil la participación desde la vida cotidiana. Los ciudadanos pueden informarse porque cada nuevo proyecto legislativo del Congreso es traducido y explicado inmediatamente en lenguaje sencillo en esa plataforma. El cambio social no va a ser el resultado sólo de tener más información, sino de hacer algo estratégico con ella. Es inadmisible que las posibilidades de participación política se limiten exclusivamente a unos cuantos o, peor aún, que el ciudadano promedio sólo cuente con las urnas para expresarse y con los partidos políticos -de nula credibilidad- para representarse. La experiencia del Partido de la Red es reveladora: los desafíos no son tecnológicos, sino culturales.

En México los partidos políticos tampoco quieren cambiar la forma en que toman sus decisiones. Saben que las nuevas opciones, como las candidaturas independientes, son legalmente posibles, pero materialmente improbables para ciudadanos sin partido, debido a los asfixiantes requisitos. Sólo el hecho de que independientes ganen en las urnas podrá legitimar a la ley electoral.

¿Qué es entonces la democracia en la era de Internet? Según Mancini, la democracia debe practicarse a diario, e Internet aporta mucho. Considera que sí es posible transformar el sistema político, no con subversión o destrucción, sino rediseñándolo con herramientas de Internet, hackeando el sistema político. En Argentina, comprendieron que si querían volverse parte de la conversación y tener un puesto en la escena política, necesitaban volverse actores válidos, y la única forma de hacerlo era jugando con las reglas del sistema.

Internet: derecho humano

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el acceso a Internet como un derecho humano. Acceso y enseñanza del uso de Internet son derechos fundamentales de todos, sin excepción.

El sistema político mexicano ya no representa ni tiene capacidad efectiva de diálogo. Los ciudadanos empiezan cada vez más a representarse a sí mismos para solucionar sus necesidades, sabedores de que ya no basta con sólo tomar las calles para ser escuchados. El fenómeno de las intercomunicaciones es incierto, pero el avance democrático desde la gobernanza nadie lo puede detener. ¿Y si formamos el Partido de la Red en México?

http://eleconomista.com.mx/columnas/columna-especial-politica/2014/10/26/partido-red

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El imposible tránsito a la legalidad

Fuente: Alberto Begné Guerra / Excélsior

cdigoNos estalló una vez más la bomba de la frágil, desequilibrada y excluyente legalidad mexicana, ahora quizá con más fuerza y mayores alcances, con horror inaudito, pero al fin y al cabo el mismo material explosivo que todos los días socava o destruye, en menor o mayor medida, los imprescindibles cimientos para una convivencia civilizada, apegada a las normas, respetuosa de los derechos individuales y colectivos. Lo que hemos vivido en estas infames semanas no son, por desgracia, más que nuevos síntomas de la misma enfermedad: el escaso valor de la ley y la violación sistemática de los derechos individuales y colectivos, así como la reiterada ineficacia de las instituciones para protegerlos y hacerlos valer.

No hay democracia, crecimiento económico y bienestar social viables sin un piso sólido e incluyente de legalidad que, sin excepciones ni distinciones, ciña el ejercicio del poder público al orden constitucional y garantice a todas las personas el principio de igualdad real ante la ley. El desafío es extraordinario, en la medida en que no sólo supone un profundo cambio de orden político e institucional, sino también una transformación social y cultural, lo cual implica reordenar, reconstruir y universalizar los valores y comportamientos propios de una democracia fundada en el respeto a la ley.

El Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía en México elaborado por el IFE (ahora INE) y El Colegio de México, como antes lo han hecho otros estudios e investigaciones sobre la cultura democrática y la legalidad, muestra con nitidez la raíz del problema: la  mayoría de los mexicanos considera que las leyes y las instituciones encargadas de aplicarlas y hacerlas valer son instrumentos al servicio de los intereses de quienes tienen el poder político o económico para usarlas en su beneficio; no reconoce en ellas, en efecto, una fuente de garantías para sus derechos y libertades. Es natural que así sea. Lo vemos todos los días: la violación de las leyes y la impunidad empiezan desde las más altas esferas del poder político o empresarial, y desde allí deben iniciar los cambios.

Por ello, si bien es absolutamente inaceptable el vandalismo en las revueltas y protestas sociales de los grupos más radicales, lo cierto es que mientras persista la impunidad de actos y conductas ilícitos de políticos, funcionarios, empresarios o líderes sindicales, las violaciones cotidianas y masivas de la ley —desde las aparentemente más inofensivas hasta las evidentemente más graves— gozan de una suerte de carta de naturalidad social y cultural. Allí radica el origen de esta explosiva malformación política, social y cultural que, mientras perdure, como hemos vuelto a constatar, seguirá haciendo imposible nuestro tránsito a la legalidad.

        *Socio consultor de Consultiva

            abegne.guerra@gmail.com

http://www.excelsior.com.mx/opinion/alberto-begne-guerra/2014/10/27/989112

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Yo no soy tú

Fuente: Jorge Volpi / Reforma

mordaza¿Cómo es posible que una persona sea capaz de asesinar a otra a sangre fría? ¿De amedrentarla, secuestrarla o torturarla? ¿Qué tiene que ocurrir en un individuo -y en una sociedad- para que estas prácticas se vuelvan ya no sólo posibles sino cotidianas? ¿Y cuál es la razón de que tantos de nosotros cerremos los ojos ante estos hechos, de que los minimicemos o nos neguemos a colocarnos en la posición de las víctimas y sus familias?

Estas cuestiones no han dejado de martillearnos en las ríspidas semanas posteriores a los sucesos de Iguala acaso porque, más allá de sus implicaciones metafísicas, condensan el horror que hemos experimentado en México desde que hace ya más de un lustro la violencia explotase de manera inusitada entre nosotros en una racha como no se había visto desde tiempos revolucionarios. ¿Acaso hemos perdido, no tanto la capacidad de sorprendernos ante las peores tragedias, sino la empatía necesaria para convertirnos, por un instante, en los otros?

En un primer nivel, la empatía es un proceso natural, involuntario, derivado del funcionamiento de las neuronas espejo. Como intenté explicar en Leer la mente, esas neuronas motoras que se activan con el movimiento de cualquier agente parecido a nosotros permiten que nos identifiquemos con los demás y en buena medida constituyen los cimientos de nuestra naturaleza social. Gracias a ellas, nuestro cerebro trata de adivinar el comportamiento de los demás y nos obliga a colocarnos en su sitio. Si lloramos en las películas -o en las novelas-, se debe a que el dolor de los personajes se transforma en nuestro dolor.

No obstante, esta identificación puede ser bloqueada por la razón o, más bien, por ciertas ideas o mecanismos derivados de la cultura en que nos desarrollamos. Como afirma Fritz Breithaupt en Culturas de la empatía (2009), experimentos recientes señalan que la identificación provocada por las neuronas espejo es sólo el estadio más elemental del proceso y que una empatía más profunda ocurre cuando nos situamos como observadores frente a un conflicto.

Según Breithaupt, en esta “empatía a tres” se funda nuestro sistema moral y el orden que anima la convivencia humana. Lo extraño es que, al parecer, la empatía con una de las partes sumidas en un conflicto ocurre de manera inmediata, casi irracional, y sólo después, a posteriori, nos dedicamos a justificarla. Si yo observo una pelea, tiendo a identificarme de inmediato con uno de los contrincantes -por lo general, aunque no siempre, con el más débil-, y a continuación elaboro una historia para razonar mi elección. La empatía se torna así esencialmente narrativa: deriva de esa capacidad de contar -y de contarnos- las vidas de nuestros semejantes. Y, si bien en la toma de partido puede prevalecer nuestro propio interés -me identifico con A porque su victoria podría ayudarme- o un auténtico juicio de valor -al reflexionar me doy cuenta de que B tiene la razón-, lo más natural es que ésta ocurra sólo después de haber elegido a uno de los contrincantes.

Sin pretender una explicación absoluta de lo que ocurre hoy en México, quizás sea cierto que, de unos años para acá, la cultura de la empatía que prevalece en nuestro país se ha erosionado a grados que rozan la psicopatía. Una psicopatía social que provoca que una gran cantidad de ciudadanos se haya vuelto incapaz de asimilar los crímenes que se reportan a diario. Uno de los resultados más desasosegantes de la guerra contra el narco ha sido que, en el impulso por dividir a los buenos -nosotros- de los malos -ellos-, como si la realidad fuera una película o una novela, el país se ha deslizado en una suerte de autismo generalizado en donde el otro siempre puede ser el enemigo y, por tanto, alguien cuya vida no tiene demasiado valor.

Así, mientras de un lado auténticos psicópatas asesinan a mansalva, del otro abundan quienes ya no logran sentir la menor simpatía hacia las víctimas, las cuales de pronto parecen tan peligrosas o amenazantes como sus verdugos. La espiral del horror se cierra de forma macabra: sólo importo yo y, ante la magnitud de los conflictos que me rodean, me encierro en mí mismo. De allí la importancia de manifestaciones pacíficas como las del pasado miércoles. Lo más grave que podría ocurrirnos sería prolongar nuestro pasmo moral: aletargados y preocupados sólo por nosotros mismos en un entorno de violencia extrema, callar o voltear la cara. Aunque hayas sido secuestrado o brutalmente asesinado, yo no soy tú.

@jvolpi

http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=39020#ixzz3HNJMR7T0

@reformacom

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Soy tu primera corrupción

Fuente: Eduardo Caccia / Reforma

chongui¿Cuántas mentiras aguanta un país?, no tengo la respuesta. Los mexicanos aguantamos muchas, es más, no solamente las aguantamos, también las creamos; mentir llega a ser una forma de navegar en nuestro sistema cultural, a veces como fórmula de cordiali- dad, donde un “nos hablamos” es el limbo donde no hay culpables; a veces para conseguir una ventaja en segunda fila: “permítame estacionarme aquí, no tardo nadita” (en México todo diminutivo es sospechoso).

¿Qué tal si sustituimos la palabra mentira, por la palabra corrupción? Las mentiras y la corrupción acortan camino, son atajos que favorecen al abusivo en perjuicio de los demás y en beneficio de un tercero. En el fondo, una mentira corrompe el sistema. El hijo que reiteradamente miente en la familia, el empleado que roba “un poquito”, son actos corrosivos. El vendedor de una empresa que da una “gratificación” para quedarse con un contrato, el comprador que la recibe, simulan, engañan, son mentirosos, son corruptos.

En México, al menos en discurso, estamos hartos de la corrupción, deberíamos entonces estar hartos de la mentira, de la transa y del fraude, que son lo mismo. Tenemos estadísticas sobre la edad en la que se inicia el consumo del alcohol, drogas, vida sexual, pero no he visto datos sobre la edad en la que se comienza a mentir.

“Robi dijo la primera mentira a los 7 años”, inicia así Mentiralandia, de Etgar Keret, donde narra la historia de un niño que creció diciendo incontables mentiras. En la primera, fingió haber sido asaltado para quedarse con el dinero que su madre le había dado para comprar cigarrillos, se compró un helado y escondió el cambio debajo de una piedra en el traspatio. Siendo ya un adulto, por azares de la ficción, su madre muerta le pide un chicle y le dice que lo compre con el dinero que está debajo de la piedra. Robi Elgrabli inicia una travesía donde se le van apareciendo personajes de las mentiras que ha dicho en su vida.

“Soy tu primera mentira”, le dice el chico pelirrojo que supuestamente lo había asaltado. Está el perro que había atropellado en otra mentira, un anciano manco que era mentira de otra persona, todos estaban ahí, mentiras que regresaban a su vida, como la piedra lanzada al aire que avanza sin obstáculo, hasta llegar a un punto decisivo donde ha perdido aceleración y comienza el descenso. Cada personaje espetaba a Robi: “soy tu mentira”.

Una sociedad donde mentir es fácil (por la altísima impunidad) alienta la corrupción. La única forma de hacer que alguien no sea corrupto es que no quiera serlo. De ahí la importancia de recuperar la ética en la educación y practicarla en todo ámbito.

Siguiendo la analogía del escritor israelí, un comprador de vías de tren ligero será encarado por huérfanos: “Compraste material no apto, pero te dieron moche, y nuestros padres se voltearon en la curva. Somos tu corrupción”. Una cabeza sin ojos encarará al jefe de inteligencia y a un gobernador: “Sabías y no hiciste nada, soy tu corrupción”. Una mujer paralítica le dirá lo mismo al policía que solapó al auto en segunda fila. Un grupo de cadáveres y quemados le dirán al inspector que dio permiso para una gasolinera que nunca debió estar ahí: “somos tu corrupción”. El juez que recibió dinero para liberar al tratante de blancas, escuchará a mujeres en pena: “somos tu corrupción”. El maestro mal preparado que ocupó la plaza del que sí era capaz, será atormentado por adultos mediocres: “somos tu corrupción”, el presidente de un partido político que dio el espaldarazo a su compañero criminal, escuchará de osamentas anónimas: “somos tu corrupción”.

La mentira tiene memoria y cuenta regresiva. Hasta que no veamos la interconexión de hechos y sembremos conciencia para cosechar nuevas actitudes, viviremos persiguiendo (como el caballo a la zanahoria) la corrupción.

Soñé con una versión de Mentiralandia mexicana. Ahí, los indolentes que no se afectan por las consecuencias a terceros, escuchan a sus hijos, tristemente en desgracia, susurrar al oído, “papi, soy tu corrupción”.

@eduardo_caccia

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Maquiavelo en Iguala

Fuente: Juan E. Pardinas / Reforma

maquiaEl crimen organizado en México evoluciona más rápido que nuestra capacidad para entenderlo y explicarlo. Cuando los llamábamos narcotraficantes, ellos ya eran exitosos secuestradores y extorsionadores. Cuando los definimos como delincuentes, ellos ya se habían mimetizado en autoridades. Hoy el gran negocio del crimen organizado tiene algo en común con la transa y el cochupo inherente a la política nacional: ambos extraen un generoso botín del erario público. La barbarie de Iguala se cocinó durante años con el fuego lento de la corrupción sin castigo, ni consecuencia.

Guillermo Trejo, profesor de la Universidad de Notre Dame, publicó un texto (El País, 16/X/2014) que sirve para abrir los ojos y convocar a las pesadillas: “En esta nueva estrategia los grupos criminales encontraron un nuevo y valioso botín: el municipio y sus contribuyentes. Como lo demuestra la terrible experiencia de Michoacán, el crimen organizado se apropiaba del 30% del presupuesto anual de obra pública de los municipios; exigía que los contratos de obra pública se otorgaran a constructoras bajo su control; y cobraba el 20% de la nómina salarial de la burocracia local”.

Este modelo de negocios criminal tiene un sólido blindaje de impunidad. La opacidad que ampara las corruptelas de regidores, alcaldes y gobernadores también protegió a Los Templarios y a Guerreros Unidos. La falta de rendición de cuentas que permite darle un contrato a un compadre también facilita que La Tuta haya sido un poderoso proveedor de obra pública en Michoacán.

En el desfile de la impunidad del PRI vimos marchar a Arturo Montiel en el Estado de México y no pasó nada. Luego llegó Humberto Moreira en Coahuila y su peor castigo fue irse a estudiar una maestría a Barcelona. A Oaxaca llegó la anhelada alternancia en el poder, y el gobernador Gabino Cué dejó sin sancionar los malos manejos de su antecesor Ulises Ruiz.

Luis Alberto Villarreal, ex líder de los diputados del PAN, fue acusado reiteradamente de dirigir el “cártel de los moches” en las negociaciones presupuestales en San Lázaro. La reacción de Gustavo Madero, entonces presidente panista, fue acusar a la prensa de generar inquina contra su impoluto partido. El cese del pastor de los diputados del PAN no ocurrió por acusaciones de corrupción, sino cuando fue descubierto bailando con una mujer portadora de apodo y minifalda. Luego llega la barbarie del PRD en Guerrero y todos nos sorprendemos de que algo huele a podrido en nuestra República.

Guillermo Trejo y Sandra Ley realizaron una acuciosa base de datos donde se documentan más de 300 atentados y asesinatos sobre autoridades locales en los últimos 6 años. En promedio, es cerca de un atentado a la semana. El Estado mexicano abandonó a cientos de autoridades municipales a su suerte. A los corruptos los dejamos robar. A los funcionarios municipales honestos los dejamos solos e incluso los dejamos de carne de cañón frente al fuego de los delincuentes. Bienvenidos al México de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Ni el PRI, ni el PAN y ni el PRD tienen el monopolio de la corrupción, pero, aún más grave, tampoco ninguno abraza la bandera de la honestidad. El PAN acaba de lanzar una atendible propuesta de cambios institucionales para enfrentar la corrupción. Sin embargo, la mejor aportación que podría hacer Acción Nacional en el tema sería una autocrítica de cómo el partido fundado por Gómez Morin acabó convertido en una oficina de repartición de moches y promoción de casinos.

Iguala refleja una crisis de nuestro sistema de partidos políticos. Como si la competencia electoral fuera una guerra, el fin justifica los medios y tolera las alianzas más obscenas. Hoy la corrupción no sólo es un tema de honestidad y buen uso de los recursos públicos, sino la principal amenaza a la democracia mexicana y la seguridad nacional.

@jepardinas

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