La ineficacia de la ley

Fuente: Juan José Rodríguez Prats

copypaste25 de Agosto de 2016. Da tristeza que sean los jóvenes quienes estén minimizando este hecho. La justificación radica en una expresión reflejo de la falta de cultura de la legalidad: “Todos lo hacen”. Esa condescendencia con los actos inmorales nos está hundiendo cada vez más, especialmente ahora con la globalización.

Nunca ha tenido México tantas leyes, tantas instituciones y tantos organismos “autónomos” y nunca hemos estado tan mal. Tal parece que la generación de leyes es directamente proporcional con los malos resultados.

Podría ya bautizarse al siglo XXI como el de la mensurabilidad, “que se refiere a la cualidad del atributo, fenómeno, etc. de ser medido”. En otras palabras, todo puede ser medido y comparado. Tristemente, cuando se dan a conocer resultados, México sigue cayendo en las mediciones en todos los órdenes.

De acuerdo con el artículo primero constitucional, “Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos.  Los esclavos del extranjero que entren al territorio nacional, alcanzarán, por este solo hecho, su libertad y la protección de las leyes”. He aquí un buen ejemplo de los efectos mágicos de nuestros ordenamientos jurídicos. Un esclavo, por el solo hecho de pisar territorio nacional, obtiene su libertad. Sin embargo, recientemente leí la siguiente noticia: “México, en el lugar 120 de 167 países en índices de esclavitud (…) En México habría aproximadamente 376 mil 800 personas que se encuentran en esta situación”.

Estamos ahora escuchando propuestas para regular la violencia que el Estado utiliza en la aplicación de la ley. En otras palabras, lo que se denomina violencia legítima.  Aquí hay un principio muy claro: el Estado la ejerce contra quien comete un delito y está suficientemente regulado cómo debe ser ejercida, en el marco del respeto a los derechos humanos. No tenemos por qué seguir legislando sobre lo mismo. La primera pregunta, antes de elaborar una iniciativa, es si el problema puede ser resuelto en el ámbito jurídico.  Manuel Gómez Morin lo expresó siendo estudiante de derecho: “Más que modificar leyes, debemos fijar en bronce en la conciencia de los mexicanos la necesidad de cumplirlas”.

Los funcionarios públicos son propiedad pública y asumen, por lo tanto, deberes de ineludible cumplimiento. Las normas jurídicas son reactivas, responden a un problema ya definido; la ética es proactiva, parte de una convicción íntima que obliga a una actitud y a una conducta.  El hecho mismo de un mayor número de leyes exigiendo a los funcionarios rendición de cuentas, transparencia, cumplimientos de numerosos requisitos, es señal de la magnitud de nuestra crisis. Esos deberes están implícitos en la protesta al asumir el cargo. Nacen de la conciencia y de la vocación política.

Bastaría con asomarnos a las naciones con auténtico Estado de derecho para constatar la forma en que reaccionan los servidores públicos cuando se prueba una desviación de las tareas asignadas, o bien sospechas de incongruencia.

Es, verdaderamente, lamentable que haya quienes consideren irrelevante los plagios en la tesis de Enrique Peña Nieto o bien que se diga que el propósito es dañar la institución presidencial. Da tristeza que sean los jóvenes quienes estén minimizando este hecho. La justificación radica en una expresión reflejo de la falta de cultura de la legalidad: “Todos lo hacen”.

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Jura decir la verdad…

Fuente: María Marván Laborde | Excelsior

jurar25 de Agosto de 2016. Toda la verdad y nada más que la verdad, con la ayuda de Dios. Este juramento tan trillado en películas estadunidenses tiene sentido por el valor ético, más allá de lo legal, que le concede esa sociedad a la verdad y la condena a la mentira.

Entonces surge la pregunta obvia, ¿por qué mintió el nadador Ryan Lochte a las autoridades brasileñas? La respuesta es sencilla, porque consideró que en Brasil podía salirse con la suya. Podemos intuir que actuó con gran desprecio a la policía y demás autoridades cariocas; nunca consideró que el sistema estuviese preparado para descubrir su mentira y mucho menos para sancionarla.

Los mexicanos solemos hacer, con relativa frecuencia, la pregunta inversa, ¿por qué cuando cruzamos la frontera norte nos “transformamos” y obedecemos la ley, seguimos las reglas? Porque sabemos, por experiencia propia o ajena, que la probabilidad de que te cachen es muy alta y en esos casos cuesta muy caro violar la ley, aunque sea el reglamento de tránsito.

La mentira, el fraude, la disposición a la corrupción o, por el contrario, la honestidad, no están en el ADN de las personas, están en la estructura sistémica. Mientras que la sociedad mexicana tiene un vergonzoso nivel de tolerancia a la mentira y al robo, la sociedad norteamericana los condena. No es que no haya mentirosos entre ellos, es que hay un acuerdo social que los repudia y un sistema legal que los castiga.

Por la vandalización de la gasolinera y sin ir a juicio, Lochte ya perdió a cuatro de sus patrocinadores. Speedo, Gentle Hair Removal y Air Wave han anunciado que cancelarán sus contratos; Ralph Lauren no se lo renovará. El comunicado oficial de Speedo sentencia: “No podemos aceptar un comportamiento contrario a los valores de la marca”.

Los memes lo ridiculizan como Pinocho, no lo pintan como borrachín ni lo condenan por hooligan. El corazón de la indignación está en haber mentido a las autoridades. El castigo social es más fuerte que el penal. Su carrera deportiva se acabó con una mentira. ¡A ver quién se atreve!

Los mexicanos solemos burlarnos cuando nos piden que juremos estar diciendo la verdad. Cuántas veces no ridiculizamos los formatos de migración que nos hacen firmar “bajo protesta de decir verdad” que no estamos transportando más de diez mil dólares en efectivo. Hemos escuchado en más de una ocasión: ¡Qué inocentes! ¡Ya parece que alguien que los traiga lo va a declarar!

Aunque en nuestro país es un delito tipificado en el Código Penal el falso testimonio, no le tenemos el más mínimo respeto. Muchos abogados penalistas entrenan a testigos para mentir, esto es parte de la podredumbre del sistema penal.

En Estados Unidos es a la inversa, el sistema está hecho para detectar el perjurio, la sanción es alta y muy probable. Más grande fue el problema de Bill Clinton por mentiroso que por coscolino. Hay una conciencia social de que la mentira bajo juramento no sólo lastima un proceso judicial, se perjudica la institucionalidad y se quiebra la confianza social, es decir, se mina la legitimidad del sistema.

@MarvanMaria

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El estudiante y el Presidente

Fuente: Javier Solórzano Zinser | La Razón

perroepnLa tesis con la que se recibió el Presidente Enrique Peña cuestiona al mandatario y a la Universidad Panamericana. ¿Cuáles son los criterios para que un estudiante se reciba? La UP es una institución seria que seguramente cuida todos sus procesos internos. El hecho de que se hayan creado mitos y leyendas en torno a la UP no quita su valor y reconocimiento. Sin embargo, en este caso algo pasó que se les fue de las manos.

¿Ante qué estamos? Es probable que se hayan relajado los criterios. Es claro que Peña Nieto no es el único responsable. Es una cadena de omisiones y falta de escrupulosidad académica que incluye al director de tesis, al jurado del examen de titulación y también le pasa cerca al propio director de la escuela de derecho de la UP.

¿Cuál puede ser la responsabilidad de la institución bajo este esquema y cuál la del estudiante? La respuesta tiene vertientes. Partamos de que el estudiante estuvo inmerso en un proceso universitario de aprendizaje que lo debió obligar al uso de una metodología de trabajo.

Cualquier documento estudiantil debe llevar elementos, bien podríamos decir requisitos, que le den un orden, lo fortalezcan y que permitan evaluar al estudiante. Una tesis es la suma de conocimientos que adquirió el estudiante a lo largo de cuatro años o cinco. Se evalúan la redacción, la bibliografía consultada, la pertinencia del tema seleccionado y la metodología de trabajo, entre otros renglones; es un todo.

Insistimos en que es una cadena la que lleva al alumno a hacer la tesis y es también una cadena la que le permite recibirse. El proceso debiera estar bajo la vigilancia y la supervisión de la institución a la que se pertenece.

¿Qué se dejó de hacer? Nos tememos que quizá no es el único caso. Se puede cuestionar con sobrada razón al estudiante Peña Nieto, pero el problema no pasa sólo por él, pasa también con claridad por la UP. En una de ésas este problema podríamos terminar por encontrarlo también en otras instituciones de educación superior. Se relajan los criterios y se entra en una disyuntiva seria de no saber qué hacer en el examen con los familiares, los amigos y la fiesta que conllevan estos actos. No se plantea en ese momento rehacer la tesis o de plano reprobar al estudiante por la sencilla razón de que la cadena, a la que nos hemos referido, es la que permitió al estudiante llegar al momento del examen. La cuestión a atender es el antes, no el durante el examen.

¿Nadie se dio cuenta de que se tomaban párrafos completos sin citar libros conocidos, de autores conocidos y reconocidos? ¿No se dieron cuenta de lo que podía provocar el hecho, sin importar cuál seria el futuro del estudiante? ¿Cuántos estudiantes podrían estar en una situación similar a la de Peña Nieto?

El caso adquiere una gran relevancia porque estamos hablando del estudiante que terminó siendo Presidente, y porque Peña Nieto vuelve a quedar expuesto en áreas que lo vienen persiguiendo desde antes de que iniciara su sexenio.

@JavierSolorzano

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Un ejemplo, sólo eso

Fuente: Mauricio Merino | El Universal

traficosEn los últimos meses he ido con frecuencia a la sede principal del INE, que está en la convergencia de Periférico Sur y Viaducto Tlalpan (en la CDMX). Tras varias visitas, aprendí que al tiempo que me toma llegar en auto a ese lugar debo añadir, invariablemente, entre treinta y cuarenta minutos más por el atasco vial que se forma en la única salida disponible de los carriles centrales del Periférico hacia Tlalpan. En rigor, esto no tiene nada de especial: todos los días pasa lo mismo en muy diversos puntos de la capital.

Lo que me hizo pensar que valía la pena escribir sobre ese embotellamiento permanente, es que la única razón por la que se detiene el tránsito en ese lugar es la falta de educación cívica de los conductores, mientras que el motivo que me ha llevado al INE ha sido el diseño de una estrategia nacional de cultura cívica. Vaya ironía. Dedico muchas horas a las deliberaciones sobre la mejor forma posible de mejorar los valores democráticos del país, pero debo planear recorridos que toman también muchas horas, debido a la necedad de quienes, creyéndose más listos y más audaces, se niegan a utilizar el carril adecuado para tomar la salida correcta del Periférico y no hacen sino bloquear el tráfico colectivo.

En las discusiones sobre cultura cívica, hemos hablado con insistencia sobre la contradicción que hay entre la divulgación de valores como la solidaridad, la tolerancia y la responsabilidad —aquellas virtudes de las que hablaba Victoria Camps— y el enfrentamiento cotidiano con una realidad que los contradice. Cada vez que me topo con esa salida bloqueada, voy pensando en esas contradicciones. Y constato también que los mexicanos que sobrevivimos en la capital del país —como en tantas otras ciudades— no nos sentimos corresponsables del espacio público que habitamos, porque tampoco lo sentimos como cosa nuestra.

Por supuesto que en esa salida bloqueada tampoco he encontrado jamás a una autoridad capaz de imprimir orden. La policía habilitada para ese propósito está mucho más ocupada haciendo valer el nuevo reglamento de tránsito (y cobrando jugosas mordidas bajo su sombra), mientras que los ingenieros y los funcionarios responsables de darle sentido a las vialidades están dedicando su tiempo a cosas más importantes.

Los conductores que pasan por ese lugar —y desde el segundo y hasta el tercer carril cruzan hacia la salida para adelantar apenas unos metros— no se sienten responsables más que de los vehículos que conducen, porque son de su propiedad. Pero no consiguen asumir que la calle que bloquean también les pertenece. Además lo hacen con cinismo y prepotencia: dos contravalores del civismo, del que seguramente se quejan cuando hablan de los funcionarios públicos, una vez que llegan a su casa creyendo que se ahorraron tres minutos, cuando en realidad perdieron veinte. Quienes actúan de esa manera se cobijan además en la violencia. Cada dos minutos se repite el juego de la gallina: gana la salida el más macho, el más gandalla. Y cada nuevo abuso de poder fáctico, se premia con el sometimiento de quien guardó la fila.

 

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Polígonos de paz

Fuente:  Sergio Aguayo | Reforma

paz24 Ago. 2016. Estamos tan obsesionados con los partes de guerra que minimizamos la construcción social de polígonos de paz. Lo argumento con lo sucedido en Playas de Altata en el municipio de Navolato, Sinaloa.

Les ahorro las cifras y les dejo un resumen sobre los sinaloenses. Pese a la fama del Cártel de Sinaloa, los habitantes se sienten más seguros que los de Morelos. Una explicación es que, si bien la tasa de homicidios es históricamente la más alta del país (en algunos años otras entidades superan a Sinaloa), la dinámica delictiva de sus cárteles es menos brutal que la utilizada por los Zetas.

Los sinaloenses son profundamente infelices. Según una medición se encuentran en el penúltimo lugar sólo superados por Guerrero. El estado de ánimo podría deberse a la creencia de que su vida está controlada por poderes externos, a que viven con la zozobra de la incertidumbre (es uno de los estados donde más temen convertirse en víctimas) y a su escaso tejido social. Mientras que en la Ciudad de México hay 50 organismos de la sociedad civil por cada 100 mil habitantes, en Sinaloa solamente hay 13 (Tamaulipas tiene 7 y el Estado de México 12). En suma, seguros pero insatisfechos.

En ese contexto es meritoria la construcción de un polígono de paz en Navolato, el municipio de Sinaloa con más homicidios durante la última década. Los dos mil habitantes de Playas de Altata (a 40 minutos de Culiacán) estaban controlados por cien sicarios. Un empresario, Javier Llausás, harto por la situación, estudió el exitoso programa Tijuana Innovadora y, asesorado por el Instituto de Economía y Paz, organizó a la ciudadanía para recuperar el territorio. Se acercó a los medios de comunicación (“indispensables”, me comenta) pidiéndoles que transmitieran buenas noticias. Luego logró que las autoridades estatales enviaran un Grupo de Élite que detuvo o expulsó a los sicarios. Llausás reconoce en conversación que no fue “tan complicado porque eran de niveles inferiores”. Los grandes capos optaron por retirarse. Otro ingrediente fue la reactivación de la economía para ofrecer empleos a los jóvenes.

Ésta y otras experiencias dejan varias lecciones: 1) las iniciativas más sustentables son las nacidas de la sociedad con metas viables y buenos liderazgos; 2) es imperioso que los medios de comunicación difundan las buenas noticias (cuando las haya, por supuesto); 3) se requiere de la asesoría de organismos civiles y de académicos conocedores de las dinámicas de la violencia estatal y criminal; 4) ayuda respaldarse en la pléyade de actores internacionales preocupados por los mexicanos; 5) es necesario algún tipo de entendimiento con el Estado.

Quienes me han leído saben que soy crítico de la estrategia bélica seguida por los gobiernos de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto. Dicho esto, al interior del Estado siempre ha habido dependencias, personas y programas que responden a peticiones ciudadanas razonables y viables. Un ejemplo serían los primeros años de la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación. El Presidente cometió un error al quitar a Roberto Campa para poner en su lugar al presunto delincuente electoral Arturo Escobar, quien interrumpió un círculo virtuoso que Alberto Begné ahora intenta recuperar.

Afortunadamente la sociedad ya entendió que no puede sentarse a esperar que el Estado formule una estrategia integral para derrotar a los criminales. Por todo el territorio están multiplicándose iniciativas ciudadanas para apropiarse de los espacios públicos requisados por violentos protegidos por funcionarios corruptos. Desconozco el número de polígonos de paz creados por la sociedad. Tengo la impresión que son muchos más que los 247 polígonos de intervención (o de riesgo) identificados por el actual gobierno federal en todo el territorio.

@sergioaguayo

 

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El plagio y la revocación

Fuente: Eduardo R. Huchim | Reforma

EPNE24 Ago. 2016. El Presidente plagió gran parte de su tesis doctoral tomando textos de varios autores, sin darles crédito. Veinte años después de haberse graduado, un portal de internet descubrió y exhibió el plagio y la universidad le retiró el título profesional por ese motivo. Como consecuencia, el Presidente renunció, reconociendo que su cargo simboliza la unidad nacional y que, por su conducta, esa unidad se había perdido.

La dimisión ocurrió en Hungría en 2012 y el Presidente era Pál Schmitt. Algo similar les ha sucedido a otros altos funcionarios de diferentes países: la renuncia siguió a la revelación de su irregular comportamiento académico. Enrique Peña Nieto ha sido exhibido también por un portal de internet, Aristegui Noticias, cuya unidad de investigación periodística detectó y reveló que casi 29% de su tesis de licenciatura (al menos 197 párrafos de los 682 que integran el texto) fue copiado de publicaciones de diez autores, sin darles el crédito correspondiente, en una proporción calificada de “considerable e inadmisible” por Enrique Krauze, uno de los plagiados (Letras Libres, http://bit.ly/2bJPCrG).

Manuel Gil Antón, profesor-investigador de El Colegio de México, ha calificado con dureza el plagio y ha planteado la necesidad de que la Universidad Panamericana, que aprobó la tesis, le retire el título de licenciado en derecho al hoy Presidente. Víctor López Villafañe, también plagiado, coincidió en ello y formuló una hipótesis: Peña no plagió los textos porque no hizo su tesis, sino la encargó a otra persona (http://ow.ly/uYcl303v7ZH)

Los plagios y las tesis compradas y presentadas como propias son otro síntoma de la corrupción que corroe a la nación. México es un país enfermo de corrupción, padece una metástasis de corrupción que invade el cuerpo nacional. Si la corrupción está en la cúpula del Estado mexicano, es claro que difícilmente habrá alguna instancia pública donde no esté. Por supuesto, también está en una parte del sector privado y en la sociedad. Y cuando se habla de este tema, resulta inevitable señalar lo peor: la impunidad que acompaña a la corrupción.

Esa impunidad casi seguramente será el corolario del plagio del hoy Presidente. Quizá la Universidad Panamericana, cuyo prestigio queda seriamente en entredicho, se atreva a hacer algo pero, como escribió Javier Risco en Twitter, probablemente “hará un Virgilio”.

Por su parte, en entrevista con Enrique Hernández Alcázar (W Radio), el peculiar director de la tesis de Peña, Eduardo Guerrero Martínez, atribuyó los plagios a ¡errores de imprenta! y a Carmen Aristegui, quien -dijo- odia al mandatario. Por cierto, en una extraña declaración que evitó culpar a Peña, el presidente del Senado, Roberto Gil, responsabilizó a Guerrero del plagio y cuestionó su aptitud para “seguir custodiando la formación de los muchachos” (Reforma, 23/08/16). En tanto, el vocero presidencial, Eduardo Sánchez, limitó el asunto a “errores de estilo como citas sin entrecomillar o falta de referencia a autores” (Id, 22/08/16). “Casi casi culpan del plagio a la máquina de escribir”, comentó en cambio Gil Antón y añadió: “Eso no es un problema de redacción y de estilo, es un problema de desvergüenza, de falta de ética y de falta de decoro” (http://ow.ly/V7fH303v7Hy).

@EduardoRHuchim

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¿Y qué? Hasta los alemanes hacen trampa

Fuente: Fernando A. Mora Dávila | La Silla Rota

“Nuestras mentiras reflejan, simultáneamente,
nuestras carencias y nuestros apetitos,
lo que no somos y lo que deseamos ser”
– Octavio Paz, El Laberinto de la Soledad

tesisepn23 Agosto 2016. Mentir, engañar, extorsionar, defraudar, falsificar, estafar, sobornar o hasta plagiar, no son un escándalo en México. Y en realidad no tienen porque serlo. De hecho, esas son palabras bastante peyorativas y ofensivas. En México mas bien somos abusados, listos, despiertos, astutos.

Seamos honestos, aunque eso no sea muy mexicano. Nuestra sociedad celebra a quienes “son más vivos” que los demás, los que encuentran atajos y sacan ventaja, a los que tienen amigos en todos lados para hacer el favor. Hacer lo correcto es de torpes, respetar las reglas aplica sólo para aquellos que no tienen esa “inteligencia mexicana”, al fin y al cabo, siempre hay un camino más rápido.

Antes de llegar a Alemania, trabajaba como profesor de preparatoria y enseñaba la materia de Ética Ciudadana. Esa materia que los alumnos ven de relleno en su tira de materias y la que algunos profesores de las llamadas ciencias duras la consideran pérdida de tiempo. Lo verdaderamente útil es aprender matemáticas y dominar la computadora ¡Venga pues! Se debe enseñar a ser productivos. Y en algo tenían razón, la clase de Ética parecía enseñar valores y virtudes que difícilmente están en nuestra sociedad. Al hablar de Verdad, Justicia, Fortaleza, Honestidad y otras virtudes éticas, mi clase parecía en realidad una clase de Biología donde se describían criaturas en peligro de extinción. Donde el argumento empírico que tiraba el elaborado razonamiento ético era: “Si no lo hago yo, alguien más lo va hacer”.

Octavio Paz, en El Laberinto de la Soledad, aborda el tema de la mentira y la describe como una forma de conducta habitual en los mexicanos. “La mentira posee una importancia decisiva en nuestra vida cotidiana, en la política, el amor, la amistad. Con ella no pretendemos nada más engañar a los demás, sino a nosotros mismos. La mentira es un juego trágico, en el que arriesgamos parte de nuestro ser. Por eso es estéril su denuncia.” Uno no puede andar por la vida diciendo la verdad por todos lados. Primero, porque es de muy mal gusto y hasta un tanto soberbio. Segundo, porque en un país donde las acciones no tienen consecuencias, no tiene ningún mérito conducirse en la verdad y no es nada reprobable saltarse las normas morales. Bueno, ni qué decir de la ley, esa sólo aplica para quienes no tienen dinero o amigos. Es decir para los que no se ponen “vivos”.

Después de casi un año de vivir en Alemania, me doy cuenta de que ser mentiroso, tramposo y copión no es exclusivo de los mexicanos. Así es, aquí también hay personas que se quieren “pasar de listos”. Por ejemplo, los ingenieros de Volkswagen que diseñaron el software para manipular los resultados de los controles de anticontaminantes y engañaron a las autoridades encargadas de protección al medioambiente en Estados Unidos. Eso es ingenio. Podríamos otorgarles el título de campeones olímpicos en acordeones.

Esta semana, al presidente de México y licenciado en Derecho, Enrique Peña Nieto, se le acusa de plagio en su tesis de grado. En Alemania, también algunos políticos han sido acusados de este acto de deshonestidad. En 2011, a Karl-Theodor zu Guttenberg, ministro de defensa en ese entonces, se le acusó de plagio en su tesis doctoral. En 2013, a la ministra de educación, Annette Schavan, se le acusó de lo mismo. Y el caso más reciente, a principios de este año se descubrió que Petra Hinz, parlamentaria del Bundestag, había mentido en su currículum. Se ostentaba como licenciada en Derecho, cuando en realidad nunca estudió dicha carrera.

Parece que mexicanos y alemanes no son tan diferentes al hacer trampa. Sin embargo, hay que poner una nota al pie a esta afirmación. La sociedad alemana no es tolerante a estos comportamientos y las acusaciones de plagio se toman verdaderamente en serio. De los casos anteriores, los tres políticos tuvieron que renunciar a sus puestos y presentar una disculpa pública. Aquí uno no se puede salir con la suya tan fácilmente y los ciudadanos deben enfrentar las consecuencias de sus actos.

@feromd

 

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Tanhuato y los derechos humanos

Fuente:  Francisco Rivas Rodríguez | La Silla Rota

tanhuato24 Agosto 2016. Hace unos días, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) fue clara en sus conclusiones respecto a lo sucedido el 23 de mayo de 2015 en el “Rancho El Sol” en Tanhuato, Michoacán: elementos de la Policía Federal (PF) ejecutaron extrajudicialmente a 22 personas. Una vez más estamos teniendo conocimiento de graves violaciones a derechos humanos cometidas por una institución de seguridad en nuestro país. ¿Qué significa este hecho o cómo podemos analizarlo e interpretarlo acorde con la crisis de seguridad humana en la que se encuentra México?

Este deplorable acontecimiento nos recuerda algunos elementos clave que mantienen vigente y complican el combate a la delincuencia organizada que se ha llevado a cabo desde la administración del ex presidente Calderón: hay grupos delincuenciales que cuentan con enormes recursos; que actúan brutalmente ejerciendo la violencia indistintamente representando una amenaza real para la vida de quien se oponga; que tienen un nivel de penetración en el territorio nacional y en las instituciones que no permite asegurar que quien actúa, lo hace por el bien de la sociedad.

Mientras que nuestras instituciones de seguridad y justicia presentan una insuficiencia de recursos humanos y materiales –debido en parte a malos manejos y la corrupción de funcionarios– que ha propiciado que la formación profesional en muchos casos sea insuficiente o inefectiva, que la implementación de protocolos de actuación sea difícil o francamente imposible y que las leyes sean meras referencias y no el faro que guía el actuar de las policías.

Lamentablemente, por estos factores no sorprende que la autoridad actúe de manera cuestionable y que probablemente Tanhuato sea sólo un caso más de muchos otros que no conocemos. No sorprende que en un país sumido por la corrupción, la policía actúe conforme a criterios individuales y no lo que marca la ley. Si bien esto no nos sorprende, tampoco debemos justificarlo o minimizarlo por estas cuestiones y definitivamente bajo ninguna circunstancia debemos distraernos en discusiones sobre la calidad moral de las víctimas: la investigación de la CNDH expone a un Estado capaz de ejecutar personas, sembrar armas, alterar la escena de crimen, ser brutal. La CNDH en resumen nos dice que el Estado vulneró las bases de nuestra sociedad democrática y hoy los mexicanos debemos exigir una investigación profunda y objetiva que explique qué pasó, quiénes y cómo fueron responsables de este terrible hecho.

Permitir la impunidad alrededor de este evento puede acarrearnos consecuencias que difícilmente podremos revertir. Si permitimos que el Estado ejecute a presuntos delincuentes ¿quién garantiza que mañana no seamos otros quienes seamos víctimas de un Estado represor simplemente porque somos incómodos al poder? ¿Quién podrá controlar una policía que respeta o no la ley a criterio? ¿Cómo luchar por los derechos de una sociedad si vulneramos la concepción misma de que algunos en nuestra sociedad tienen derechos y otros no? ¿Para qué formular normas, generar y capacitar a los funcionarios acorde con los protocolos de actuación, si estos no tienen valor para nuestras autoridades?

Debo insistir sobre este punto y decirlo con toda claridad, los derechos humanos son la base de una sociedad moderna; entiendo la frustración y el enojo de quien piensa que en un país donde mueren alrededor de 19 mil personas por año en homicidios dolosos es mejor un delincuente muerto que vivo; entiendo a quien piensa que ante la falta de justicia y de mejoras en materia de seguridad este tipo de acciones pueden llevarnos a disminuir el efecto de la violencia en nuestro país. Yo no coincido, creo en el Estado de Derecho y en el camino que debemos recorrer para fortalecerlo.

Estoy seguro que la solución a los altos índices delictivos, la violencia, la falta seguridad y la corrupción está en lograr el acceso universal a la justicia, está en el apego al debido proceso y en que el Estado no actúa por venganza ni enojo; sino que es un sistema que sirve para administrar procesos judiciales basados en normas democráticas que buscan la reparación del daño y evitar la reincidencia en las conductas indeseadas.

Por lo contrario, abrir la puerta a la tolerancia de un Estado que viola los derechos humanos es abrirle la puerta a la posibilidad que tus derechos, los míos y los de cada uno que forma nuestra sociedad estén en entredicho.

La autoridad debe aprovechar esta oportunidad y dar un ejemplo de que se puede hacer justicia, que quien ordenó mal, planeó mal, actuó mal, tentó encubrir y mintió a la opinión pública debe rendirle cuentas a la sociedad y enfrentar a la justicia. Es el momento que el Estado mande una señal fuerte de por qué la ley es importante y que no hay distingos para aplicarla, que quien violó la ley en el operativo no podrá volver a hacerlo pero, sobre todo, que los mandos que permitieron, toleraron o quisieron ignorar este evento, enfrentarán las consecuencias, porque recordemos que los policías obedecen una cadena de mando y le reportan a alguien.

@frarivasCoL

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¿Y los niños?

Fuente: Manuel J. Jáuregui | Reforma

escuela23 Ago. 2016. No hay lucha sindical que justifique o valga sacrificar el futuro de nuestros niños cerrándoles las puertas de las escuelas a donde acuden a adquirir los conocimientos que les servirán para de adultos ser ciudadanos productivos y competitivos, esto es, a la altura de las sociedades contra las cuales luchamos comercialmente en esta aldea global que habitamos.

Qué mal ejemplo dan a la niñez y qué MAL LE HACEN los seguidores de la CNTE que tras CIEN DÍAS de trifulca decidieron realizar un paro nacional de escuelas el mismo día que se reanuda el ciclo escolar 2016-2017.

FELICITAMOS desde nuestro modesto pupitre a los maestros de NUEVO LEÓN que decidieron desoir el llamado de la CNTE y ABRIR sus puertas y recibir al futuro de México para impartirles los conocimientos que requieren con urgencia para convertirse en valiosos ciudadanos contribuidores cívicos al bien público.

Sólo seis escuelas en todo el Estado se sumaron al paro organizado por la CNTE y que pretende cerrar TODAS las escuelas de México.

En Oaxaca y Chiapas, la CNTE hizo un gran daño a la niñez al cerrar más del 50 por ciento de las escuelas.

¡Vaya logro!

Son estos triunfos pírricos que causan más daño que beneficio para cualquiera.

La niñez de México no debería nunca servir de carne de cañón en esta postura sindical contra la reforma educativa.

Si no están de acuerdo con ella los maestros que lo digan, que lo manifiesten con cordura, mesura y SIN DAÑAR A TERCEROS.

Ninguna culpa tienen los niños mexicanos, ni tampoco los comercios saqueados, las industrias bloqueadas o las vías de comunicación tomadas, de los errores de la reforma educativa.

¿Por qué entonces hacerlos víctimas de algo de lo que son inocentes y en lo que no participan?

Esto no debe de ser, no se vale, no es justo ni beneficia en lo absoluto a México: al contrario, es negativo para nuestro País y además resulta contraproducente a la causa del magisterio inconforme, pues hace creer a la gente que este movimiento no tiene nada que ver con la educación, sino que es una insurrección política que persigue otros fines, quizás no sólo tumbar la reforma educativa, sino al Gobierno, o mínimo al Secretario de Educación, o al de Gobernación.

Hay quienes dicen que MORENA y Andrés Manuel López Obrador están detrás de este movimiento. Eso no nos consta, pero les prometemos, amigos lectores, que si nos topamos con AMLO le preguntaremos de frente.

Lo que sí nos consta es que la radicalización de este movimiento ha fomentado un REPUDIO generalizado en la población hacia lo que es la CNTE y lo que ésta promulga.

Con decirles que muchos ciudadanos piensan “¿Dónde estás, Elba Esther? ¡Por favor vuelve!”.

Es relativamente común que en el País haya líos con el magisterio, sobre todo cuando se pretenden realizar cambios al sistema educativo que tenemos, vetusto, caduco, obsoleto, ineficiente y demasiado oneroso para la nación, pues costando mucho no RINDE la excelencia educativa que el País requiere para progresar.

Nos guste o no, el mundo moderno necesita un sistema que le imparta a la niñez herramientas del conocimiento adecuadas al momento que vivimos, uno de cambios tecnológicos inimaginables, de innovación, de multinacionalismo, de bases sólidas en las CIENCIAS, las matemáticas, los idiomas, y las reglas democráticas de transparencia, apertura, rendición de cuentas, “fair play” (juego parejo) COMPETENCIA, MERITOCRACIA y todos los demás sistemas y subsistemas que integran una nación democrática progresiva y exitosa.

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México: “error de estilo”

Fuente: Yuriria Sierra | Excelsior

epenieto23 de Agosto de 2016. Cualquier asunto de plagio es grave. A cuántas personas les ha costado su carrera (en México y en el mundo, más en el mundo que en México). Sealtiel Alatriste salió de la UNAM por una acusación de este tipo. Y regresó el Premio Xavier Villaurrutia, que recibió en la coyuntura del escándalo. Lamentablemente, hay miles de seres humanos con más ambición pragmática que ambición creativa, con más prisa que empeño, con más gorra que garra, con más hambre que ética y profesionalismo.

El plagio es un asunto de ética. De esos contra los que tendría que prevenirse en casa y en el aula, de esos que construyen identidad y solidez: en los individuos y en las sociedades. Lamentablemente, el plagio es uno de esos temas que se tiende a minimizar porque así le conviene a gruesos sectores de la sociedad (particularmente, las latinoamericanas). Mucho se ha debatido de la investigación de Carmen Aristegui sobre la tesis de licenciatura de Enrique Peña Nieto: el 29% de la misma sería copiada (y no a manera de citas textuales con referencia al pie de página) de las obras de distintos autores. Lo curioso fue los términos de la condena en las redes sociales: un sector de la sociedad exigiendo la renuncia (como en el caso del presidente de Hungría) y otro sector condenando a la periodista porque la expectativa generada “no correspondía” con lo presentado. En todo caso: un debate que nos retrata como país. Le cuento por qué: tuiteé, textual, que esto pasa en el país en el que la mayoría de las personas comprapiratería y se roba la luz y a muchos les pareció que ésta era una “defensa” dePeña. Muchísimos tuiteros me recordaron mi árbol genealógico porque “no son delitos comparables”. Sorry: la trampa es la trampa, en cualquiera de sus presentaciones. Y mientras esa doble moral tan mexicana persista nos será imposible una verdadera reconstrucción ética en el país. Porque vemos el tema a conveniencia: como algo inadmisible cuando lo comete un adversario, pero encontramos justificación cuando se trata de aquél en que incurre un amigo o nosotros mismos. Por eso somos un país que consume piratería, por eso decimos que es astucia cuando le ponemos un diablito al medidor de luz o cuando le robamos el wifi al vecino.

Es lo triste de vivir en un país donde el pecado es pecado si se trata del enemigo. Somos un país de tramposos. Y el primer paso para sacudirnos esta conceptualización extraña de la ética (en los bueyes de mi compadre) es dejar de ver como normal a la transa cuando somos nosotros quienes la cometemos y escandalizarnos sólo cuando se trata del vecino. Porque entonces el “error de estilo” que dijo Presidencia que cometió EPN en su tesis termina siendo el “error de estilo” que justifica la incomprensible #3de3 de López Obrador. O un “error de estilo” que  los maestros de la CNTE dejen sin clases a miles de niños, pero cobren su salario íntegro mientras desquician a varias decenas de ciudades. Nada de esto es un “error de estilo”: es una forma de desentenderse de la ética más elemental que debe dar sentido a todo pacto social. Por supuesto que es imperdonable un plagio; por supuesto que debe ser imperdonable una mordida.

@YuririaSierra

 

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