La degradación del poder

Fuente: Ricardo Monreal / Milenio

dispenEl poder se está degradando. No en el sentido ético del término (la corrupción sería el efecto no la causa de este fenómeno), sino en el sentido de perder grados de cohesión, coerción y conducción, frente a una serie de micropoderes que desafían, paralizan y desestabilizan al Estado, tal como lo conocemos en nuestros días: una estructura burocrática piramidal que organiza y domina a la sociedad.

Es la tesis de Moisés Naím en El fin del poder (Debate, 2014) o cómo el poder ya no es lo que era. “El poder está cambiando de manos: de grandes ejércitos disciplinados a caóticas bandas insurgentes; de gigantescas corporaciones a ágiles emprendedores; de los palacios presidenciales a las plazas públicas. Pero también está cambiando en sí mismo: cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder”.

Para decirlo de manera gráfica, el poder político y económico está dejando de ser una pirámide de roca volcánica inamovible para convertirse en una extensa red neuronal horizontal que cambia a la velocidad de las innovaciones tecnológicas y científicas de la información.

En un enfoque que actualiza la visión de futurólogos del siglo pasado como los esposos Toffler (La tercera ola El shock del futuro), Naím señala tres “revoluciones” como los motores de la degradación del poder: la revolución del “más” (más población, más bienes y servicios, más clases medias, más innovaciones, etcétera), la revolución de la “movilidad” o el fin del público cautivo y la revolución de la “mentalidad” o el conflicto creciente entre las aspiraciones y expectativas de la gente y la capacidad de los gobiernos para garantizar esos satisfactores a través de mayores oportunidades y mejores servicios.

Esta degradación del poder a escala global, si bien genera espacios para nuevas expresiones de la democracia liberal, también genera riesgos, “que merman el bienestar social y la calidad de vida”. Estos son la parálisis política (la vetocracia de los micropoderes), el desorden, la pérdida de talento y conocimiento, la banalización de los movimientos sociales y la alienación o ruptura de lazos sociales entre un individuo y la comunidad.

Traducir El fin del poder a la realidad mexicana es encontrar un filón de explicaciones a los cambios que estamos viviendo, algunos como oportunidad, pero otros como riesgos.

Por ejemplo, ¿por qué nuestra transición democrática se quedó a nivel de la alternancia partidista y no se tradujo en bienestar social y económico para la mayoría de la población? Por la irrupción de micropoderes o poderes fácticos que desde la política y la economía vetaron y paralizaron a los gobiernos nacionales para no perder sus privilegios.

¿Por qué el Pacto por México terminó siendo percibido como un Pacto contra México? Porque su visión, diseño y operación se hizo desde la partidocracia, y no desde la democracia participativa, marginando a una ciudadanía cada vez más demandante de oportunidades y servicios.

¿Por qué llevamos 18 años de gobiernos divididos y los presidentes en turno lucen cada más disfuncionales y avasallados por los problemas? Porque desde la punta del poder político y económico no se han percatado de la degradación del poder vertical y su reemplazo por una red horizontal de demandas, aspiraciones y movilizaciones ciudadanas que simplemente no caben a través del estrecho embudo del poder tradicional, ese que ya no es lo que un día fue.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
@ricardomonreala

http://www.milenio.com/firmas/ricardo_monreal_antilogia/degradacion-poder_18_487331282.html

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Guerra y paz

Fuente: Miguel B. Treviño / Reforma

ipmEl Instituto para la Economía y la Paz (IEP por sus siglas en inglés) presentó la semana pasada el Índice de Paz México (IPM). En síntesis, 3 billones de pesos nos cuesta la falta de paz en nuestro país, 17 por ciento del PIB, 25 mil pesos por cada mexicano.

En realidad, es mucho más fácil lidiar con la guerra porque al final se trata de generar bajas en el frente contrario y evitar las propias.

El presidente Felipe Calderón enfureció en enero de 2011 cuando en alguna reunión con organizaciones de la sociedad me tocó presentar algunas de las limitaciones de su “guerra” contra el crimen organizado.

Pasados los años, el enfoque ahí sigue. Se trata de que las muertes en el frente propio (tasa de homicidios) vayan disminuyendo y las bajas en el frente contrario (detenciones de capos) vayan en aumento.

Si el problema es, en cambio, la brecha que nos separa de la paz, entonces el análisis económico se vuelve más fino.

La “paz positiva” tiene que ver con las libertades de cualquier mexicano para producir, transitar, usar los servicios de justicia, formarse y aprovechar la información gubernamental. La “paz negativa” se materializa cuando se pone un freno a la actividad de los que delinquen.

De acuerdo al IPM (www.visionofhumanity.org) el PIB per cápita de los 16 estados con los mejores puntajes en los ocho pilares de paz es 40 por ciento superior que el de los 16 estados con el menor puntaje. ¿Cuáles son estos pilares?

1. El libre flujo de información. Ahí donde los periodistas pueden hacer su trabajo en un ambiente de libertad, sin que los callen ni los maten, son siempre pueblos con más altos índices de seguridad y desarrollo. La libertad del periodista tiene incidencia directa en la solidez democrática y la potencia económica de las naciones.

2. Abatimiento de corrupción. Para sectores industriales completos la corrupción no es sólo una práctica de negocios desagradable, es el aceite sin el cual no funcionan.

3. Funcionamiento del gobierno. El estudio pone el énfasis en el aparato de justicia. En 24 estados los altísimos niveles de impunidad hacen inviable la paz.

4. Cultura de derechos. Es una perspectiva ausente en el diseño de política pública en México. Es vista como una demanda sofisticada frente a problemas más inmediatos como la pobreza extrema. Habría que preguntarnos cuánto nos cuesta que seis millones de madres jefas de hogar ganen entre un 15 y 20 por ciento menos que sus contrapartes hombres por la misma responsabilidad.

5. Distribución de recursos. Hay significativamente más violencia ahí donde las viviendas carecen de servicios básicos y se vive en hacinamiento.

6. Capital humano. La poca disposición a enfrentar los chantajes sindicales del magisterio de autoridades estatales y federales nos condena a ser la mano de obra barata de la economía mundial.

7. Desempleo. Es una fantasía hablar de un paz sostenible mientras las oportunidades de trabajo en ciudades como Acapulco, la zona de La Laguna o Culiacán vengan de la economía informal y del crimen organizado.

8. Vecindad. La mayoría de los mexicanos viven en áreas urbanas feas que padecen problemas crecientes de movilidad, carencia de espacios y oportunidades atractivas de interacción.

Para quien tiene la responsabilidad de gobernar la violencia no es un cáncer por erradicar. Es un problema inevitable por administrar. En el enfoque de guerra el problema es que no hay análisis económico, hay un enemigo por aniquilar. En el enfoque de paz hay causas y efectos, alternativas de inversión y costos de oportunidad.

¿Cuánto me cuesta y cuánto me da ir por el último traficante de droga del país? ¿Cuánto me cuesta y cuánto me da que las ciudades en las que viven la mayoría de los mexicanos tengan una oferta educativa de primera y espacios públicos que transformen la convivencia urbana?

Trabajar en los pilares de la paz como enfoque contra la violencia es más pragmático de lo que parece. Lo romántico es ir por todos los capos y bajar a cero la tasa de homicidios.

@miguelbtrevino

http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=59011#ixzz3VJcSjCZb
@reformacom

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Novedoso daño moral

Fuente: Carlos Requena / El Economista

justDerechos, obligaciones y libertades son imprescindibles para la convivencia humana; sin embargo, aún no conseguimos una genuina comunión con ellos. En estas fechas conmemorativas del Benemérito de las Américas, su célebre frase “El respeto al derecho ajeno es la paz” resuena en un país de oídos sordos.

La frase de Benito Juárez se memoriza en escuelas y adorna discursos, pero a 150 años de haber sido expresada por vez primera, no logramos aplicarla a conciencia. No hay respeto por lo ajeno. Con el pretexto del ejercicio de libertades y formas de ser, muchas veces con negligencia, se afectan los sentimientos, afectos, creencias, integridad psíquica, decoro, honor, reputación, vida privada y la consideración que de una persona tienen los demás, provocándole dolor, sufrimiento y daño moral. Ninguna prepotencia o indolencia justifica que debamos ignorar las consecuencias.

El derecho tiene como fin la creación de un orden social justo, siendo el campo propicio para regular —pero no siempre disolver— conflictos. Es bajo la lupa de la ley que deben detectarse, procesarse y solucionarse los casos en los que el ejercicio de libertades es la causa de daño y afectación a bienes personales.

Considerando la vulnerabilidad de la integridad y dignidad moral frente al abuso de tales libertades, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) concretó un novedoso enfoque para identificar, sancionar y reparar el daño moral. Recientemente, los ministros de la Primera Sala de la SCJN, con Arturo Zaldívar Lelo de Larrea como ponente, impusieron una condena de más de 30 millones de pesos por concepto de reparación de daño moral en favor de un padre y una madre, víctimas, quienes demandaron en la vía civil la indemnización por el fallecimiento de su único hijo a causa de electrocución en un lago artificial en las instalaciones de un conocido hotel de Acapulco. Las conductas negligentes graves del resort afectaron bienes e intereses no patrimoniales de las víctimas. Esta resolución judicial representa un importante precedente legal en México para facilitar la reparación del daño moral en beneficio de personas agraviadas.

Parteaguas

La responsabilidad civil contractual deriva del incumplimiento de una de las partes, pero la responsabilidad extracontractual resulta por tres motivos: cuando se obra ilícitamente o contra las buenas costumbres y se causa daño a otro; cuando se hace uso de mecanismos, instrumentos, aparatos o sustancias peligrosas por sí mismos, incluyendo corriente eléctrica, surgiendo la obligación de responder de los daños aunque no se obre ilícitamente, y cuando al ejercitar o abusar de un derecho se causa daño a otro, generándose la obligación de indemnización si se demuestra que tal derecho sólo se ejercitó con la intención de causar ese daño, sin utilidad para el titular del derecho.

El objetivo continúa siendo defender a ultranza los derechos ajenos por los que Juárez exigía respeto, y por los que hoy en el caso de daño moral, la ley ofrece la posibilidad de demandar una verdaderamente justa indemnización. Lo que subyace es la aspiración de justicia y, por consiguiente, de paz. ¡Seguimos en lo dicho don Benito!

Leyes para tu bien.

@requena_cr

http://eleconomista.com.mx/columnas/columna-especial-politica/2015/03/22/novedoso-dano-moral

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Debatir públicamente la porquería

Fuente: Leo Zuckermann / Excélsior

dedoEspaña tiene muchos problemas, pero la diferencia es que apasionadamente los debaten en la televisión abierta.

Barcelona.- ¿Por qué aquí en España sí se debate pública y vigorosamente el tema de la corrupción gubernamental mientras que en México el tema no se airea como debería? Ésa es la pregunta que me hago en un viaje relámpago por este país que no dejo de admirar: una nación que, en poco tiempo, se convirtió en una economía desarrollada y una democracia-liberal consolidada. Es cierto que España tiene muchos problemas, pero la diferencia es que apasionadamente los debaten en la televisión abierta.

Para ponerlo en una perspectiva comparativa, imagine usted un debate sobre las casas Higa-San Román en un largo programa televisivo. Que en el panel participaran un representante del partido gobernante (el PRI), uno de la principal oposición (el PAN) y uno del principal partido emergente (Morena). Además, tres periodistas polémicos: uno ideológicamente más priista, otro opositor y un tercero analítico. Todos moderados por un conductor cuyo papel es presentar los hechos y mantener el orden de un panel que se calienta al punto de que todos hablan al mismo tiempo. ¿A poco no le gustaría ver algo así? ¿Por qué en España sí pueden y en México no?

La Sexta Noche es un programa que transmite el canal La Sexta todos los sábados. Lo conduce Iñaki López. El sábado pasado tuvieron un panel interesantísimo sobre las investigaciones del llamado “caso Bárcenas”, uno de los principales escándalos de corrupción gubernamental de la historia reciente de España. Resulta que el tesorero del Partido Popular (PP) habría recibido dinero de constructoras privadas para financiar al actual partido gobernante a cambio de que luego recibieran obras por parte del gobierno. Además, con ese dinero, Bárcenas le habría pagado “sobresueldos” a los dirigentes partidistas incluyendo al hoy presidente Mariano Rajoy.

Para debatir cómo van las investigaciones por parte del juez Pablo Ruz —otra diferencia entre España y México es que aquí el Poder Judicial sí está investigando lo que suena sospechoso— se presentaron a la Sexta Noche una representante del PP, otro del Partido Socialista Obrero Español, otra de Podemos, el partido que está creciendo como la espuma, y tres periodistas con visiones divergentes. Ante la apabullante evidencia de la porquería en el caso Bárcenas, la señora del PP se dedicó a tratar de desviar la atención a otros casos de corrupción de los otros partidos, incluyendo las dudas que existen sobre el financiamiento del recién formado Podemos. Los opositores una y otra vez conminaron a concentrarse en el caso en cuestión. Por su parte, los tres periodistas argumentaban hacia un lado o hacia el otro.

“¡Qué envidia!”, pensé. Ojalá en México tuviéramos algo así donde se ventilara públicamente la porquería por más pestilente que sea. La pregunta es por qué no podemos tener debates como éstos. Llevo varios años precisamente tratando de organizarlos en nuestro país. Ha sido muy difícil. Durante el autoritarismo no se debatían los problemas públicos y ahora, como consecuencia, en la democracia tenemos una cultura política poco proclive al debate. A la mayoría de los políticos y periodistas no les gusta debatir. Las críticas suelen tomárselas a título personal. Prefieren no exponerse por no saber cómo argumentar.

Tomemos, por ejemplo, el caso de las casas Higa-San Román. El gobierno de Peña quiere enterrar este asunto a como dé lugar. Es lógico: no le conviene que haya debates sobre lo ocurrido. Si el PP español pudiera, haría lo mismo con el caso Bárcenas. Pero no puede porque la oposición y los medios no los dejan. En México debería ocurrir lo mismo: los partidos opositores tendrían que machacar el asunto. Lo increíble es que no lo hacen. ¿Por qué? Pues porque tienen miedo de que el PRI desvíe la atención apuntando a casos de corrupción donde ellos están involucrados, tal y como hacía la señora del PP en el panel que mencioné antes. Prefieren el silencio a exponerse.

En cuanto a los medios, todos entienden que se arriesgan a la ira gubernamental si sacan el tema de las casas. Algo de razón tendrán porque la periodista que destapó lo de laCasa Blanca (Carmen Aristegui) hoy está fuera del aire por un supuesto “pleito administrativo”. El mensaje ha quedado claro: mejor ni le muevan. Por eso me temo que estamos a años luz de tener debates tan apasionados sobre presuntos casos de corrupción gubernamental en México, tal y como cotidianamente se llevan a cabo en España.

@leozuckermann

 

http://www.excelsior.com.mx/opinion/leo-zuckermann/2015/03/23/1014987

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La propuesta hereje de Sara Sefchovich

Fuente: Elena Poniatowska** / Nexos

La doctora Sara Sefchovich acercó a miles de mujeres a la literatura a través de sus novelas Demasiado amor (1990), La señora de los sueños (1993) y Vivir la vida (2000), publicadas por Alfaguara. Lo digo porque así como el libro Picardía mexicanadesapareció tres veces de mi biblioteca (como también se esfumó la poesía completa de Jaime Sabines dedicada por él), La señora de los sueños voló en varias ocasiones. “Ay no seas mala, préstamela” —me dicen amigas que jamás devuelven ni la risa—. Es un hurto que finalmente no puede sino causar optimismo porque robar un libro es obra de un buen ladrón. Cuentan que la biblioteca de Andrés Henestrosa era de puros libros robados hasta en el Vaticano y frente a los ojos de un guardia suizo.

Sara Sefchovich, así como la ven, es una mujer hermosísima que guarda grandes semejanzas con la Madre Coraje de Bertolt Brecht. Su afán justiciero y protector abarca a toda su obra desde País de mentiras (2008) hasta esta propuesta que nos desafía: Atrévete (2014) y se dirige ante todo a las mujeres y a las no tan mujeres y a los hombres que quieren ser mujeres y sobre todo a los que aman a las mujeres. ¡Ah y a las cabecitas blancas para que detengan a sus hijos delincuentes y los encaucen por el camino del bien!

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Además de investigadora de la UNAM, socióloga, historiadora, novelista, catedrática, traductora y autora de tres buenas novelas y 13 libros de estudios sociológicos, Sara Sefchovich es una ciudadana indignada por lo que sucede a su alrededor. Documentar, analizar y explicar el origen de las fallas, las perversiones y las grandes mentiras de nuestro país es difícil porque vivir en el México actual impide la creación y es más fácil caer en el desaliento que en la loca alegría. Todos los días amanecemos a una nueva vergüenza. Imposible no avergonzarnos de Ayotzinapa después de saber que a los 43 muchachos asesinados los quemaron en un basurero, un crimen que para nuestro horror recuerda “la solución final” de los nazis en sus campos de exterminio.

Así como se hizo una lista de crímenes de lesa humanidad a lo largo de los siglos también podría hacerse otra lista mexicana. Aquí las fosas sustituyen a las barracas y los basureros a los hornos crematorios. Ahí está San Miguel Canoa, Tlatelolco, Jueves de Corpus, Aguas Blancas, Acteal, Villas de Salvárcar, Tlatlaya, Ayotzinapa y desde luego el desierto de Ciudad Juárez, Chihuahua, en el que más de 400 chavas empleadas en las maquiladoras han sido sepultadas en la arena y se reconocen por una sandalia que indica que allí abajo yace una muchacha en espera de su Antígona justiciera.

A Sara le angustia la indiferencia de ciudadanos anestesiados por las noticias más atroces. La sociedad pasmada sólo espera que a ella no le toque la desgracia. Sara nos pide a las mujeres y sobre todo a las que somos madres de familia asumirnos como sujetos activos para hacer algo desde nuestro lugar y su libro es un grito que se dirige ante todo a la conciencia femenina: “¡Atrévete!”, nos conmina, atrévete a salir y a clamar tu desacuerdo, atrévete a romper la valla aunque te lo impida un bacinico uniformado con su escudo, atrévete a decir que la violencia daña a nuestros hijos, atrévete a censurar a las telenovelas embrutecedoras, atrévete a condenar a los “reality shows” y a Cristina Saralegui la de Miami y a Laura Bozzo la del helicóptero de Eruviel Ávila que aterriza donde nadie lo llama.

Sefchovich ya se había dirigido a las mujeres en su novela Demasiado amor y La señora de los sueños publicado por Alfaguara en 1993 que tuvo un enorme éxito de ventas aunque su libro más vendido es un análisis sociológico: La suerte de la consorte. Las esposas de los gobernantes de México: historia de un olvido y relato de un fracaso, publicado en 2002, que Sara retomó para lanzarlo de nuevo en 2010 y ponerlo al día a petición de sus lectores. Retrata a la esposa tomada de la mano del presidente de la República durante seis años y soltada bruscamente el último de noviembre para sustituirla el 1 de diciembre por la garra de Sasha Montenegro o la de otra nueva elegida.

Atrévete, escrito antes del drama de Ayotzinapa, tiene como antecedente el volumenPaís de mentiras aparecido en 2008, en el que la autora evidencia la simulación, “rasgo central del sistema político mexicano”.

País de mentiras también actualiza el compromiso de Sara con la realidad; para ella las mentiras son el pan nuestro de cada día. Mentimos todos pero todo lo que dicen los políticos es mentira.

¿Estaremos los mexicanos tan acostumbrados a la violencia que ya ni las cifras de muertos nos conmueven? ¿Qué ha pasado para que no nos inmutemos al ver la imagen de un desollado en la plana del periódico? ¿Qué hace falta para que reaccionemos y actuemos como “prójimos”? Los números que maneja Sara en su ensayo son espeluznantes y lo peor de todo es que nuestras organizaciones de derechos humanos reaccionan tarde o están muy cansados como el procurador Murillo Karam ante el crimen de Ayotzinapa.

 Tan sólo en el sexenio de Felipe Calderón, entre 2006 y 2012, la cantidad de muertos en México fue cercana a la de los Balcanes e Irak, países en guerra. En nuestro país hay un secuestro cada dos horas y en los últimos 10 años las denuncias por ese delito aumentaron 426% y por extorsión 147%. Al menos 21 millones de mexicanos fueron víctimas de la delincuencia en el año de 2013, es decir, tres de cada 10 sufrieron violencia. Y esto sin agregar que nueve de cada 10 delitos no se reporta y que 96% de los crímenes queda impune.

¿Cuál es el origen de tanta violencia? ¿Dónde comienza todo? —pregunta Sara—. La respuesta le resulta inaceptable: la pobreza como principal generadora de delincuencia. Millones de personas viven en la pobreza y otro tanto en la miseria absoluta y no por ello son delincuentes. Unos creen que se trata de la alimentación, como lo afirma el psiquiatra británico Adrián Raine. Según él quienes comen carbohidratos tienden a ser más violentos que los que comen pescado. Otros explican que el hogar en el que se nace y crece es determinante, como lo afirma Julio Scherer García en su libro Niños en el crimen. Concluye que en todos los casos analizados los niños que delinquen proceden de familias disfuncionales.

 Sara también analiza el entorno social y consigna a quienes defienden la idea de que los delincuentes son “empujados” al delito por su ambiente. Y otros más culpan a la falta de oportunidades y al consumo de drogas como principales generadores de la violencia.

¿Qué se hace para combatirla? Hasta la fecha —argumenta Sara—, ni la salida del ejército a la calle, ni la profesionalización de la policía, ni los “exámenes de confianza”, ni la captura de capos han servido para frenarla. Tanto el gobierno de Felipe Calderón como el de Peña Nieto informaron —coludidos con las televisoras— del supuesto éxito de la guerra contra el narcotráfico pero a diario contamos y volvemos a contar el número de muertos por secuestro y asesinato.

Entender y explicar nuestro país es una hazaña de Sara Sefchovich, la ciudadana que expone ideas y habla en primera persona en su largo y erudito ensayo. Sara, académica, cita meticulosamente sus fuentes y ofrece una infinidad de porcentajes y datos no sólo para legitimar lo que asienta sino para contrastar la realidad de nuestro pasado con un presente cada vez más envilecido.

Hacer que los mexicanos tomemos conciencia de la corrupción del sistema político es una tarea que otros comparten con ella. Habría que poner en primerísimo lugar al padre Alejandro Solalinde.

Atrévete evidencia la sensibilidad de la autora ante una situación desesperada. Según María Consuelo Mejía, directora de “Católicas por el derecho a decidir”, el suyo es un libro profético, “no como si tuviera una bola de cristal, sino como un diagnóstico certero y exhaustivo de las propuestas que se han hecho para salir del horror en el que está sumido México”.

Sefchovich intenta salvar a los olvidados de siempre. Acude a las madres para que sensibilicen a sus hijos y les recuerden los valores básicos que son los hilos más resistentes del tejido social: la honestidad, la solidaridad, la atención al otro que podría traducirse en cuidar la salud y el bienestar.

¿Cuál bienestar me pregunto todas las mañanas al ver la cantidad de indigentes envueltos en cartones que se congelan en el parque de la Bombilla, en Chimalistac, sin que nadie se acerque siquiera a ver si todavía están con vida?

 Es en las relaciones más cercanas, en las más íntimas, donde crecen los afectos. En ellas es posible apelar a los sentimientos de quienes se dejan llevar por la avalancha de corrupción que carcome a las instituciones. “¿Por qué no he de llevarme yo mi tajada si el jefe roba todos los días?”.

Según Sara, los cambios se logran de abajo para arriba, de la base de la sociedad que es la familia hasta las grandes reformas de Estado, desde la relación madre-hijo hasta los escolares que comparten su lunch a la hora del recreo. La madre tiene a su cargo la formación de sus hijos (el hombre suele ser de pisa y corre, como el gallo) y los hijos de muchos machos mexicanos le prodigan amor a la madre y no al padre —por lo general— ausente.

En medio de tanto desconcierto y tanta ineficacia institucional, Atrévete de la maestra Sefchovich debería considerarse como guía que va más allá del ámbito familiar. Es la guía de ciudadanos que se levantan a exigir justicia como las grandes marchas al Zócalo que tanto nos han impactado. Resulta que la indignación ha servido como estrategia para hacer bien las cosas. (Estoy segura que José Woldenberg piensa también que las marchas por Ayotzinapa han sido admirables.) No son los mexicanos jóvenes y viejos los responsables del mal que permea en Iguala, el culpable es el gobierno y la enorme corrupción de funcionarios que roban desde el puesto más pequeño hasta el más alto. ¿Qué cosa eran José Luis Abarca y su esposa hija y hermana de narcotraficantes sino pequeños y mediocres funcionarios de uno de los estados más pobres (Guerrero) al que le sacaron “toda la raja posible” al igual que el impresentable de Ángel Aguirre?

Guillermo Haro recordaba que de una herejía nació, por ejemplo, el alegato de Galileo y de Galileo y Copérnico la astronomía moderna y sin esa herejía no podríamos ahora hablar del hombre en la Luna o de un robot en Marte. Por lo tanto, la propuesta de Sara es, además de una ilusión, una apuesta.

¿Cuál es esa propuesta “hereje”?

Las estrategias convencionales de los gobiernos no dan resultado, el hambre sigue siendo el primer azote del planeta Tierra. Sara alega que es imposible seguir esperando que Papá-Estado resuelva el problema de la violencia. Quedarse con los brazos cruzados y creer que el gobierno, el ejército o la policía, de arriba hacia abajo son capaces de salvar a nuestro país es imposible. México mi país, México mi águila destrozada, México mi chinampa enlodada ha padecido no sólo malos gobiernos sino una policía escasa y cruel y un ejército al que van a dar los mexicanos más pobres como antes entraban al seminario sin más vocación que su fe en un plato de frijoles.

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Según Sara, los ciudadanos “tenemos que entrarle”, hacernos cargo como familia, núcleo que concentra la integridad, la educación, la salud. Acabar con la corrupción y con la impunidad se dice fácil, pero crear nuevos jueces y otro tipo de policías, otros maestros y otros líderes está lejos de ser una realidad inmediata. ¿O algún ministro de la Suprema Corte como Olga Sánchez Cordero o Arturo Zaldívar Lelo de Larrea ha renunciado a la mitad de su sueldo, bonos y prestaciones al darse cuenta que recibe demasiado y que son muchos los mexicanos con hambre? Nos hace falta una solución expedita para que no sigan perdiéndose generaciones como ahora sucede con los 43 estudiantes normalistas asesinados en Ayotzinapa.

“En México nada funciona ni funcionará porque estamos bajo el control de una elite profundamente corrupta, depredadora y venal”.

En Atrévete —meditado a lo largo de varios años— Sara concentra su propuesta en la madre, pilar de la familia. Estudios sociológicos y psicológicos analizan su poder sobre sus hijos. Ese mismo poder serviría para persuadirlos de no delinquir porque la madre cuenta con un arma más poderosa que el Estado: la veneración de sus hijos. Desde el delincuente menor que le ofrece a su mamacita la bolsa que roba en la esquina hasta el delincuente mayor que le regala casa en Las Lomas en la calle de Sierra Gorda para mayor precisión o la iglesia que el señor obispo bendice así como bautiza a los retoños de los narcotraficantes, la madrecita obtiene todo de su hijito y ni cuenta se da de sus felonías porque para él su vista es gorda. En El apando de José Revueltas, es la madre de “El Carajo” la que le lleva la droga a Lecumberri. ¿Podría darse mayor ejemplo de complicidad?

Sara ha llegado a la conclusión que la madre de un ladrón o de un asesino jamás lo dejará caer. En Estados Unidos los condenados a la silla eléctrica cuentan con su madre hasta el último segundo. ¿Sería tan indulgente como la mexicana, una madre francesa, una alemana o una gringa?

Aquí está la herejía de la propuesta de Sara quien afirma que sólo la fuerza materna y la del grupo social directo del delincuente pueden frenarlo. La solución tiene que darse de abajo para arriba y el rechazo de su grupo social es la mayor condena al violador, al ladrón y al golpeador. Al delincuente no le importa lo que opinemos usted o yo o el ejército o la policía o el señor cura. Le importa el rechazo de los suyos.

La autora pide soluciones urgentes y pragmáticas. Si el grupo social rechaza al delincuente, la reprobación de los vecinos resultará más eficaz que el encarcelamiento. Sara propone una red social de vecinos que actúe como juez de barrio.

El ejemplo de que el poder materno es el mayor de todos es el de las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, quienes no descansaron hasta enjuiciar y llevar a la cárcel a los milicos asesinos de sus hijos. Sara cita a Gabriela Mistral: “Oigo gritar mujeres, las madres y las otras”, y se consuela: “Ojalá así lo hiciéramos”. También la agrupación “Hijos” en Argentina recurrió al scratch para señalar con pintura roja la casa de los torturadores y así cayeron varios miembros de la Junta Militar. Doña Rosario Ibarra de Piedra y su lucha de años con “las doñas”, acunaron: “Vivos los llevaron y vivos los queremos”. Javier Sicilia tomó el ejemplo de la no-violencia y buscó justicia para su hijo asesinado en Cuernavaca, Morelos. Escuchó a todos. Algunas madres le decían: “Mi hijo no fue. A él lo torturaron, usted ayúdenos porque nuestros hijos son buenos, son chivos expiatorios”.

 Sería muy útil escuchar ahora a las madres de los asesinos que incineraron en un basurero a los 43 normalistas de Ayotzinapa.

“Un acto como el de Ayotzinapa demuestra que no tenemos la menor idea de quién nos gobierna, ni de qué pasa ni de por qué algunos deciden quemar el Palacio Municipal de Chilpancingo y no el centro comercial del que es dueño Abarca” —afirma Sara.

Imposible olvidar a las madres centroamericanas que en México buscan en ministerios públicos al hijo desaparecido y ruegan: “Aunque sea entrégueme su cuerpo para darle cristiana sepultura”.

Las madres de Ciudad Juárez, Chihuahua, no cesan de clamar justicia para sus hijas muertas y hoy en día ¿quiénes son los mayores defensores del crimen de lesa humanidad cometido en Guerrero sino los padres de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa?

La teoría de la doctora Sefchovich se fundamenta en “el poder de las minorías”, esa abultada franja de la sociedad que parece no poder hacer nada pero que en un momento de hartazgo saca lo mejor de sí y sorprende a quienes se han mantenido inermes.

Si Sara da prioridad a la madre es porque es la primera “escuela” de todo ser humano.

 Sara regresa a la imagen de la “madrecita” protectora y abnegada de la Época de Oro del cine mexicano y también la cuestiona. ¿No será ella la responsable de crear un monstruo? A fin de cuentas, Sefchovich le apuesta a una nueva maternidad que construya un ciudadano capaz de jugársela por el bien común.

Si Sara presenta su propuesta como “hereje” es porque le apuesta a “la madre” considerada “intocable” a pesar de tanto dicho: desmadre, madrazo, chinga a tu madre, no tiene madre. (Al dedicarle un capitulo en El laberinto de la soledad, Octavio Paz fue más lejos y nos asestó a la Chingada.) En cambio, para lo bueno decimos ¡qué padre! Si la palabra “herejía” quiere decir “opción” o “decisión”, Sara nos insta a escoger a la sociedad primigenia, la de las primeras comunidades, la que se asienta en las márgenes de cualquier ciudad.

Tal vez cargarle la mano a la madre como lo hace Sara sea una propuesta utópica y en cierta forma injusta —como lo cree mi amiga Sonia Peña, autora de José Revueltas, los errores y los aciertos— pero quizá en atreverse a buscar la fuente de nuestros males, como Sara le exige a las inocuas madrecitas, sea un reto que algunas acepten aunque yo ya no lo veré.

**Escritora. Entre sus libros: LeonoraLilus Kikus y De noche vienes.

http://www.nexos.com.mx/?p=24248

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Fuente: Juan E. Pardinas / Reforma

credibil“La principal cualidad de un secretario de Hacienda no es su inteligencia, ni su capacidad política, su atributo más importante es la credibilidad”. Algo sabía Don Antonio Ortiz Mena del perfil idóneo para ocupar el despacho que lleva las riendas de las finanzas nacionales. Durante dos sexenios, 1958-1970, Ortiz Mena ocupó ese cargo con el prestigio que conllevan los buenos resultados. En ese periodo, la economía mexicana creció más de 6 por ciento al año con baja inflación y un modesto endeudamiento público.

Secretaría de Hacienda y Crédito Público. La jerarquía de esta dependencia radica no sólo en el monto de los dineros que maneja, sino también en el significado de las palabras que le dan nombre. El vocablo Hacienda tiene su origen semántico en el verbo Hacer. La hacienda pública determina la facultad de acción de un gobierno (Chávez Presa dixit). La palabra Crédito viene del verbo creer, tener fe o confianza en algo o en alguien. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público determina la capacidad de hacer del gobierno con la confianza que le entrega el pueblo mexicano. De acuerdo a la Ley de Ingresos del año 2015, el valor económico de esa confianza asciende a cerca de 39 mil pesos por habitante. Por cada mujer, hombre o niña mexican@s, el gobierno federal y la SHCP disponen de esta cantidad para generar bienes y servicios públicos.

Si tú, lector, pagas una tasa del 35% de Impuesto Sobre la Renta, eso quiere decir que el 35% de tu año laborable lo dedicas a trabajar para la SHCP. Los primeros 127 días de cada año, del 1o. de enero hasta el 7 de mayo, los dedicas a cubrir tus contribuciones por ISR. De los 238 días restantes del año, un porcentaje adicional de tu ingreso lo dedicas a pagar el 16% de IVA sobre una amplia fracción de tus consumos. En una estimación conservadora, esto le añade 23 días adicionales de chamba para pagar el IVA. Esto implica que del 1o. de enero hasta el 30 de mayo de todos los años, los contribuyentes cautivos trabajamos para la Secretaría de Hacienda.

Pienso en la familia de un empresario que hoy está secuestrado en el Distrito Federal o en un paciente con problemas renales que morirá de una enfermedad tratable, ya que los recursos del Seguro Popular no alcanzan para cubrir un tratamiento de hemodiálisis. Pienso en Jorge Pérez, un trabajador del IMCO que tendrá que operar a su esposa de piedras en la vesícula en una clínica particular, porque en el IMSS la lista de espera es de varios meses y la señora ya no aguanta el dolor. Pienso en más de un millón de niños oaxaqueños que sólo tienen 100 días de escuela al año. ¿Este diverso grupo de compatriotas sentirá que su esfuerzo de pagar impuestos está bien retribuido por la autoridad?

Mientras pienso en todo esto, leo en Reforma (17-III-2015) que en junio de 2013, Banobras le adjudicó a Grupo Higa un contrato por 1,332 millones de pesos para ampliar una carretera. Los términos del contrato son confidenciales y no queda claro si hubo un proceso competitivo para adjudicar la obra. La Ley Orgánica de Banobras establece en su artículo 17 que el secretario de Hacienda y Crédito Público es el presidente del Consejo Directivo, encargado de la administración de la institución financiera. En el momento en que se adjudicó ese contrato, junio de 2013, Luis Videgaray tenía un préstamo personal con el dueño de la constructora a quien se le asignó el contrato. El depositario de la confianza y el dinero público, el administrador de tus 150 días laborables de contribución al erario, estaba haciendo negocios personales con una empresa a la cual le asignaba contratos.

¿Renunciará Luis Videgaray a su cargo por este asunto? Claro que no. Esa sería la reacción obvia de un gobierno sensible en un país que aspira a proyectar al mundo seriedad y modernidad. En el México de Enrique Peña Nieto, la credibilidad no es requisito necesario para ocupar el cargo de secretario de Hacienda.

@jepardinas

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Educación como derecho

Fuente: Ana Laura Magaloni Kerpel / Reforma

aviadores2La semana pasada la primera sala de la Suprema Corte emitió una resolución de enorme trascendencia. Por unanimidad de votos la Corte resolvió que Aprender Primero AC, brazo jurídico de Mexicanos Primero, estaba legitimada jurídicamente para promover una demanda de amparo con miras a garantizar el derecho a la educación de los millones de niños y jóvenes que asisten a una escuela pública. El origen del amparo fueron los Informes de Resultados de las Cuentas Públicas 2009 y 2010 elaborados por la Auditoría Superior de la Federación. En dichos informes, la Auditoría reconocía daños a la Hacienda Pública Federal por más de 30 mil millones de pesos por el indebido uso de los recursos públicos destinados a la educación. Sin embargo, la Auditoría no inició los procedimientos de responsabilidad correspondientes a los servidores públicos, federales y locales, que llevaron a cabo este desvío de recursos. A través del amparo, Mexicanos Primero busca que por primera vez tenga consecuencias jurídicas el desvío millonario de recursos a favor del SNTE, la CNTE, los comisionados sindicales, los trabajadores administrativos y demás usos políticos e ilegales de los recursos destinados a la educación. Sin consecuencias jurídicas es imposible que se frene esta práctica ilegal.

Aunque todavía no se conocen los detalles de la sentencia, la Corte señaló en un comunicado que “las autoridades demandadas no demostraron que hubiesen llevado a cabo las acciones necesarias para cumplir con las facultades de fiscalización de recursos en materia educativa”, y que “para restituir el goce del derecho humano violado la autoridad debe demostrar que ya realizó todas las acciones necesarias para el ejercicio de sus facultades, o en su caso, de no haberlo hecho, para que las lleve a cabo”. Hay que esperar a conocer los detalles de la sentencia y dar seguimiento a su cumplimento. Esto último va a ser clave para que cambie a futuro la forma ilegal y política de ejercer el gasto público en materia educativa.

La sentencia es muy relevante pues cambia los términos del debate en materia educativa: la educación es un derecho humano establecido en el artículo tercero de la Constitución y no una concesión graciosa del Estado. Ello significa que existe un ámbito de las políticas educativas que no puede estar sujeto a la discrecionalidad de las autoridades administrativas ni a los vaivenes políticos. La reforma educativa estableció que el derecho a la educación obliga al Estado a garantizar “la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y directivos garanticen el máximo logro de los educandos”. El cumplimiento de estas obligaciones del Estado, me parece, constituye el corazón de la reforma educativa. La sentencia de la primera sala abre las puertas para que estas obligaciones no queden sujetas a la buena voluntad o el cálculo político de las autoridades educativas. Los usuarios del servicio de educación pública y las asociaciones civiles dedicadas a la defensa de este derecho humano pueden demandar su cumplimento a través del amparo. Ello le puede dar potencia y viabilidad a la reforma educativa. Los derechos humanos son derechos porque sus violaciones tienen consecuencias. De lo contrario, sólo son cartas de buenos deseos.

Si bien los desafíos de la implementación de la reforma educativa seguirán estando en manos de las autoridades educativas, locales y federales, los jueces de amparo pueden ayudar a vencer algunas resistencias. El caso de la sentencia de la primera sala es un claro ejemplo de ello. Si la decisión de la Corte logra frenar a futuro el desvío de recursos en materia de educación, estará allanando de manera significativa el proceso de implementación de la reforma. En el futuro, sería muy importante que Mexicanos Primero y otras organizaciones civiles demanden a través del amparo el cumplimento de todas las obligaciones constitucionales del Estado a las que se refiere el artículo tercero de la Constitución para garantizar “el máximo logro de los educandos”. Los ministros de la primera sala, me parece, han mandado una señal de que están dispuestos a dotar de contenido constitucional el derecho a una educación pública de calidad. Ojalá no me equivoque.

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Autoestima a cualquier precio

Fuente: Bibiana Belsasso / Razón

jovEn México, según organizaciones no gubernamentales, hay más de 30 mil menores dentro del crimen organizado relacionados con distintos delitos.

Con base en estudios, sabemos que la gran mayoría de estos jóvenes viene de familias desintegradas en las que se ha ejercido violencia, o donde el consumo patológico de drogas y alcohol ha sido recurrente.

Algunos son hijos de madres que debían salir a trabajar para poder darles de comer y los dejaban solos.

Hay casos en los cuales se ha utilizado la doctrina o la religión para reclutarlos, como por ejemplo en Michoacán, con La Familia Michoacana y luego con Los Caballeros Templarios, aunque en la mayoría de los casos influye el que la infancia de estos jóvenes haya sido muy dura.

En nuestro país el crimen organizado enrola gente para ocuparla en la lucha por territorios, mientras que en otras partes del mundo organizaciones radicales como el Estado Islámico lo hacen para su causa. Se estima que hay más de 15 mil extranjeros peleando en la organización yihadista que opera en Irak y en Siria.

Los especialistas advierten que el perfil de algunos jóvenes europeos que se unen a este grupo terrorista ha cambiado: ahora son de distintas clases sociales y se sabe que muchos han crecido en barrios social y económicamente estables desde la infancia. Además tienen trabajo e incluso estudios universitarios.

¿Cuál es el común denominador entre los jóvenes que entran al crimen organizado y los que se incorporan, por ejemplo, al Estado Islámico?

Que ambos buscan pertenecer. Sentirse importantes. Buscar distintos sueños.

Los integristas han cambiado su discurso y proponen diversas motivaciones en las que ponen en juego ilusiones y utopías.

En el crimen organizado mexicano los jóvenes que entran saben que su tiempo esperado de vida es muy limitado y tienen un dicho: “más vale dos años de rey que toda una vida de buey.”

En ambas organizaciones se ejecuta, se tortura, se decapita y hasta se quema vivas a las víctimas. Estos dos mundos se han acercado.

Hace dos años se descubrió la presencia de un mexicano en el Estado Islámico. Se trata de Abu Hudaifa al Meksiki (el mexicano en árabe), ése es el nombre de guerra que se le dio.

La directora editorial del Consorcio de Análisis e Investigación en Terrorismo, Veryan Khan, afirmó: “todo lo que podemos decir es que es el único mexicano enrolado en el Estado Islámico, al menos el único cuyo rastro se haya podido seguir.”

En su momento, el mexicano se habría convertido en una pieza clave entre los más de 15 mil guerrilleros extranjeros que han viajado para unirse a la yihad (guerra santa).

Circuló en su momento una fotografía de este mexicano, de quien hoy se dice que ha muerto en la ciudad kurdo-siria de Kobane.

También hay otro estudio publicado en el 2013 del Instituto Británico de Defensa IHS Jane´s, al que poca atención se le ha prestado. Éste dice que 150 personas mexicanas o de origen mexicano viajaron a Siria para luchar en contra de Bashar al Assad, de los cuales casi la mitad ha muerto.

Muy poco se sabe de los yihadistas latinoamericanos. Muchos han simplemente desaparecido o han sido enterrados en fosas comunes, según han declarado miembros de esa organización.

Esto nos debe mostrar, como sociedad, lo importante que es que nuestros jóvenes tengan un sentido de pertenencia y de orgullo. No podemos dejar pasar el hecho de que algunos mexicanos estén volteando hacia el crimen organizado y en casos al Estado Islámico, precisamente para buscar ese reconocimiento.

bibibelsasso@hotmail.com
@bibianabelsasso

http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=253300

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Confianza

Fuente: Liébano Sáenz / Liébano Sáenz blog

chonguiCausa y efecto de las dificultades para superar la adversidad es el déficit de confianza. Es causa porque la falta de credibilidad en las instituciones fundamentales para generar consenso y acuerdo hace que los problemas se exacerben y compliquen. Y es efecto porque una de las secuelas de las crisis y problemas es precisamente el deterioro de la confianza sobre la capacidad de las instancias de autoridad para resolver las dificultades presentes. La desconfianza es rasgo común de nuestros tiempos.

La cuestión es que no hay comunidad ni nación que pueda salir adelante y progresar sin un piso de confianza frente a temas fundamentales; quienes ejercen la autoridad pueden ser evaluados en términos críticos y adversos, sin que ello signifique repudiar las reglas o el sistema en su conjunto. Esta circunstancia no es exclusiva de México, pero aquí la crisis de confianza se extiende sin límites, no solo hacia el gobernante, también al sistema institucional que da soporte al régimen democrático, incluyendo a las oposiciones, también a las de nuevo registro. La desconfianza trasciende lo político e invade los terrenos de lo social, abarcando las instituciones y hasta los términos de convivencia, entre vecinos y, en algunas ocasiones, hasta entre los seres más próximos, como en las familias.

Las crisis de las instituciones tradicionales vienen de la mano de la modernidad. Tradiciones, mitos y fijaciones son desplazados por la fuerza del cambio y los nuevos términos de la vida social. Esto es un proceso que se ha hecho patente desde hace tiempo. El cambio altera muchos aspectos de la vida social, así como las perspectivas del poder y la política. Sin embargo, lo que ahora vemos es un deterioro de la confianza en todo y todos que se manifiesta a través de la indignación, pero también con la pérdida de expectativas de un mejor porvenir. Esta forma de escepticismo no permite alimentar una de las grandes fuerzas del cambio: el anhelo de un mejor presente y el deseo de un mejor mañana. El ideal sucumbe ante el descontento y la ausencia de esperanza de ser positivo se percibe como recurso propio de ilusos si no es que como interesada o falsa impostura.

La desconfianza actual no se limita a instancias específicas o temporales; por ser generalizada, se manifiesta como una forma de condena que niega o impide salidas. Algo tiene que ver la indiferencia —real, virtual o aparente— de nuestras élites en los problemas presentes y en su forma de reaccionar ante ellos; como también juega su parte la ausencia de un sentido de historia y de trascendencia. Las dificultades presentes nos han hecho perder perspectiva y aprecio por muchos de los avances alcanzados en las últimas décadas. Estamos a disgusto con el presente y tal sentimiento nos conduce, fatalmente, a negar la virtud de los logros y, peor aún, nuestro potencial como comunidad. Con la desconfianza se desvanece el orgullo de lo que hemos hecho y sentido para construir un mejor mañana.

Además, la crisis de confianza tiene que ver con el deterioro de muchos referentes de autoridad y de credibilidad. Con facilidad interpretamos las debilidades de las personas que ejercen puestos de autoridad, como defectos de la organización o de la dependencia a la que éstos sirven. Malos legisladores o malos dirigentes nos hacen creer en la descomposición de la institucionalidad democrática. Asimismo, vivimos al asalto de la sospecha y todo lo que ocurre se convierte en evidencia de la imaginaria descomposición que de manera colectiva interiorizamos y reproducimos.

No es propio culpar a las libertades y mucho menos al ejercicio de la crítica como razones de pérdida de confianza. Sería ésta una visión autoritaria y sin fundamento. En todo caso, habría que destacar que el escrutinio al poder no genera incentivos deseables o positivos cuando se reduce a señalar lo negativo, cuando no reconoce lo realizado, cuando no admite error o corrección en el mismo ejercicio de la crítica o cuando pierde el horizonte de un mejor destino posible o deseable.

El arribo de la segunda alternancia, a partir del desencanto generado por la primera y por la política de la pluralidad, profundizó y amplió el espectro de lo no confiable. La mala percepción va más allá del solo desencanto, su condena es enérgica y diversa. Las reservas y la crítica alcanzan lo público, lo social y lo privado. Los males ya no corresponden a un partido o a una instancia, sino a todo el conjunto. El deseo opositor de cambiar al gobernante como medio para resolver las dificultades ha perdido peso, bajo la falsa idea de que nada hay por hacer porque todos son iguales.

El voto y el debate son medios democráticos y liberales para conjurar la desconfianza. ¿Cómo alcanzarlos cuando la institucionalidad democrática está en duda? ¿Cómo dar fuerza y legitimidad a la autoridad que nace del mandato popular si los mismos jugadores descalifican por igual al juego, al resultado y a quien lo conduce? La cuestión es que para que la confianza gane espacio se requiere consenso en torno a instituciones, reglas, prácticas y principios asociados al proceso democrático y, en forma muy destacada, respecto del valor de la legalidad. En la democracia, el boleto de entrada para cualquier proyecto político no es la propuesta, sino la adhesión a la ley, el respeto al voto y a las instituciones que conducen la competencia por el poder.

La recuperación de la confianza debe ser un ejercicio colectivo; sin embargo, son las élites las que juegan el papel más relevante en dicho empeño; de ahí la importancia de lo que hagan quienes representan a la autoridad. En mucho contribuye también el reconocimiento de la sociedad y de los medios de comunicación. Con este propósito, la acreditada revista Líderes y GCE (Gabinete de Comunicación Estratégica) hemos emprendido un ejercicio que busca destacar a las figuras más relevantes de la vida cívica, social, política y económica de México, no solamente a las que tienen influencia y visibilidad, sino a aquellas cuya trascendencia y eficacia es relevante en sus respectivos círculos; a esas mujeres y hombres que contribuyen a un mejor país y dan perspectiva de la Nación deseable.

https://liebanosaenz.wordpress.com/2015/03/21/confianza/#more-1756

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En la construcción de la paz, México debe confiar en sus ciudadanos

La corrupción y el buen funcionamiento del gobierno son claramente temas prioritarios para México. Sin embargo, hay otro factor relevante que sigue pendiente: la voluntad de los ciudadanos mexicanos para arremangarse y participar en los esfuerzos para resolver problemas locales. En este sentido, el Índice de Paz México muestra que el nivel de participación de los ciudadanos y el capital social de un estado tienen casi el mismo impacto que la actuación del gobierno en los niveles de paz.

Fuente: Aubrey Fox / Animal Político

ipmEn los últimos meses, los líderes empresariales y cívicos en México han intensificado sus críticas a lo que ven como fallas del gobierno mexicano en materia de delincuencia y seguridad, publicando desplegados para expresar su consternación.

Hay una base sólida para sus críticas. El Índice de Paz de México, un informe publicado hoy por nuestra organización, el Instituto para la Economía y la Paz, encuentra que el impacto económico de la violencia en México fue de 3 trillón de pesos, o 17.3 por ciento del PIB de México, en 2014.

Para poner ese número en perspectiva, se traduce en cerca de 25,000 pesos por cada ciudadano mexicano, tres veces la cantidad que el gobierno gasta en atención a la salud.

Esto tiene un impacto directo a los negocios. Según las encuestas producidas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las empresas gastan un promedio de cuatro por ciento de sus costos de operación en medidas de seguridad, como la contratación de guardias de seguridad, sistemas de seguridad y la instalación de cerraduras, barras y ventanas. Casi una quinta parte de las empresas que han sido víctima de la delincuencia han cancelado los planes para crecer o invertir. Muchos se han visto obligados a cambiar de lugar o incluso, detener sus operaciones.

Claramente, el crimen es un problema social y económico para México. La pregunta, entonces es, ¿qué se puede hacer?

Un buen comienzo es el reconocimiento de que, desde una perspectiva global, México está preparado para mejorar sus niveles de paz. Su potencial de paz, evaluado por la fortaleza de sus instituciones, en comparación con los promedios mundiales, es mucho mayor de lo que sugieren sus niveles de paz actuales.

A pesar de las alertas de malas noticias, hay algunos signos alentadores en México. El Índice de Paz México muestra una mejora modesta en sus niveles paz desde 2011, con descensos en tasas de homicidio y delitos violentos en general.

Para que México siga mejorando, ¿en qué debe concentrar sus energías? El control de la corrupción encabeza la lista. Nuestra investigación muestra que a nivel estatal, en 2014, la corrupción es el factor que se correlaciona más significativamente con la paz, definida como la ausencia de violencia o miedo a la violencia. Este hallazgo ofrece una validación empírica relevante de la creencia de que la corrupción es corrosiva en la sociedad mexicana.

La corrupción y el buen funcionamiento del gobierno, son claramente temas prioritarios para México. Sin embargo, hay otro factor relevante que sigue pendiente: la voluntad de los ciudadanos mexicanos para arremangarse y participar en los esfuerzos para resolver problemas locales. En este sentido, el Índice de Paz México, muestra que el nivel de participación de los ciudadanos y el capital social de un estado, tienen casi el mismo impacto que la actuación del gobierno en los niveles de paz.

Si se echa un vistazo de cerca a los datos a nivel estatal, podemos observar algunos resultados sorprendentes. Por ejemplo, aun cuando Guerrero y Morelos son los dos estados con el más bajo desempeño en el Índice de Paz México, los ciudadanos muestran una gran disposición a contribuir con su tiempo a soluciones pacíficas.

El reto para México en el futuro, será aprovechar este deseo de cambio. En conversaciones con activistas de la paz en México, representantes del sector empresarial y otros actores, vemos que están ávidos por participar en los esfuerzos de consolidación de la paz.

La buena noticia es que hay mucha inspiración. Ya sea en la Mesa de Seguridad y Justicia, una asociación que ha contribuido a mejorar la situación de seguridad en Ciudad Juárez, o ejemplos menos conocidos como la iniciativa de Parques Alegres en Culiacán, que brinda herramientas a los ciudadanos para mejorar los espacios públicos locales, miles de ideas dan frutos en el camino hacia un ambiente de paz.

Desde esta perspectiva, la crítica al gobierno mexicano por líderes empresariales y cívicos es una señal positiva de que México está dispuesto a avanzar. El reto es canalizar las energías de la ciudadanía en México, en acciones positivas.

Aubrey Fox es el Director Ejecutivo del Instituto para la Economía y la Paz, el think tank global que produce el Índice de Paz de México.

http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2015/03/19/en-la-construccion-de-la-paz-mexico-debe-confiar-en-sus-ciudadanos/

 

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